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"Me llamó a las 7 de la mañana un domingo para gritarme" – Jefes que hacen imposible trabajar

Schuster Borka6 min de lectura
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"Me llamó a las 7 de la mañana un domingo para gritarme" – Jefes que hacen imposible trabajar — Estilo de vida
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Un jefe insoportable puede convertir el día a día laboral en algo completamente agotador. Y aunque tendemos a pensar que son la excepción, las historias que nos han contado nuestras lectoras sugieren que son mucho más comunes de lo que imaginamos.

"Me llamó un domingo a las siete de la mañana"

Nora tiene 31 años y trabajaba en una pequeña agencia de marketing cuando llegó un nuevo jefe al equipo. Las primeras semanas, incluso le cayó bien.

"Era dinámico, decidido y parecía saber muy bien lo que hacía. Poco a poco fui descubriendo que para él no existía eso de 'puede esperar al lunes'."

Al principio llegaban mensajes por las noches. Luego correos los fines de semana. Con el tiempo, Nora empezó a sentir que tenía que estar disponible en todo momento. El punto de quiebre llegó un domingo por la mañana.

"Eran las siete. Sonó el teléfono y era él. Lo cogí porque pensé que había pasado algo urgente. En cambio, se puso a gritarme porque en una presentación que había enviado el viernes las imágenes aparecían en el orden equivocado."

Nora intentó explicarle con calma que entendía el error, pero que esa presentación no se usaría hasta el lunes por la tarde, así que había tiempo de sobra para corregirla esa mañana.

"Me dijo que si no aguantaba ese ritmo, que buscara otro trabajo."

Al día siguiente, Nora fue a la oficina y comunicó que dimitía.

"No fue por no saber aceptar las críticas. Fue porque me di cuenta de que estaba trabajando para alguien que creía que mi sueldo le daba derecho a controlar toda mi vida."

"Quería que todos le tuvieran miedo"

Kata tiene 38 años y trabajaba en una empresa grande cuyo jefe tenía fama de ser "mano dura". Al principio, sus compañeros lo asumían como parte del trabajo.

"Todo el mundo decía que había que sobrevivir el primer año y que luego te acostumbrabas. Yo me lo creí y pensé que era simplemente su estilo de liderazgo."

El problema no era la exigencia en sí. El hombre humillaba a sus compañeros delante de los demás de forma habitual.

"Una vez, en una reunión, alguien se equivocó de fila en una hoja de cálculo y dijo un número incorrecto. El jefe se pasó cinco minutos explicándole con sarcasmo cómo debería poner el dedo en la pantalla si le costaba tanto seguir lo que leía."

Kata guardó silencio durante mucho tiempo porque temía perder su trabajo. Hasta que un día le tocó a ella: metió un dato en la columna equivocada de un informe.

"Me llamó a su despacho, cerró la puerta y me dijo que si volvía a cometer un error, se encargaría de que no encontrara trabajo en ningún otro sitio."

Fue entonces cuando Kata decidió que no se quedaba.

"Sabía que no tenía razón. Sabía que era buena profesional y que en otro lugar me valorarían. Y sabía que esa amenaza vacía no tenía que ver con mi error, sino con su necesidad de ejercer poder sobre los demás."

Pocos meses después de marcharse, Kata encontró un nuevo trabajo. Lo más revelador llegó cuando su nueva jefa le señaló por primera vez un error: Kata rompió a llorar.

"Fue entonces cuando me di cuenta del nivel de estrés en el que había vivido todo ese tiempo. Y de lo diferente que es trabajar en un entorno normal, con personas que realmente están ahí para ayudarte a conseguir un objetivo común."

"Me enviaba tareas mientras estaba de vacaciones"

Réka tiene 27 años y trabajaba en una asesoría contable cuando su jefe empezó a cargarle con cada vez más trabajo. No había grandes conflictos ni gritos, pero la situación se fue volviendo insostenible poco a poco.

"Siempre lo presentaba como si fuera una pequeñez. 'Echa un vistazo rápido a esto.' 'Mándalo antes de acostarte.' 'Ya que estás, podrías resolver esto también'."

Al principio, Réka aceptaba todas las tareas extra sin rechistar, porque quería demostrar su valía.

Luego pidió una semana de vacaciones.

"La primera mañana llegó un correo con seis tareas. El asunto decía: 'Urgente'."

Réka no respondió. Por la tarde, su jefe la llamó para preguntarle por qué no estaba trabajando.

"Le dije que estaba de vacaciones. Me contestó que, en su opinión, alguien con un puesto de tanta responsabilidad no podía simplemente desaparecer."

Fue la primera vez que Réka dijo en voz alta que así no podía seguir.

"No hubo drama. No dimití en ese momento ni le grité. Simplemente volví de las vacaciones y empecé a buscar otro trabajo."

Tres meses después, presentó su renuncia.

"Lo más difícil fue convencerme de que no soy vaga por no querer trabajar fuera de mi horario. El problema era mi trabajo, que no respetaba mis límites. Yo no era demasiado sensible."

¿Te identificas con alguna de estas historias?

Las tres mujeres de estas historias llegaron a un punto en común: el momento en que decidieron que su bienestar valía más que la seguridad de quedarse. No fue fácil, pero todas coinciden en que fue la decisión correcta.

Si algo tienen en común un jefe que grita los domingos, uno que humilla en público y uno que no respeta las vacaciones, es esto: los tres confundían autoridad con control. Y ese es, precisamente, el sello de un liderazgo tóxico.

¿Cómo sé si mi jefe es tóxico o simplemente exigente?

Un jefe exigente tiene expectativas altas pero respeta tus límites personales y tu tiempo fuera del trabajo. Un jefe tóxico cruza esas líneas de forma habitual, te humilla, te amenaza o te hace sentir que no tienes derecho a desconectar.

¿Es normal sentirse culpable por no responder mensajes fuera del horario laboral?

No, aunque es muy frecuente. Como muestra la historia de Réka, esa sensación de culpa suele ser el resultado de un entorno laboral que ha normalizado la disponibilidad constante. No es un defecto personal: es una señal de que algo falla en la empresa.

¿Qué puedo hacer si mi jefe me amenaza con represalias laborales?

Las amenazas como las que vivió Kata —"me encargaré de que no encuentres trabajo en ningún sitio"— suelen ser farol y no tienen respaldo legal. Si la situación es grave, es recomendable documentar todo y consultar con un profesional en derecho laboral o con el servicio de recursos humanos de tu empresa.

¿Cuándo es el momento de dimitir?

Según las experiencias recogidas en este artículo, el momento llegó cuando cada una de ellas se dio cuenta de que la situación no iba a cambiar y de que el coste emocional era demasiado alto. No hay una respuesta universal, pero escuchar cómo te sientes después de cada jornada laboral puede ser un buen punto de partida.

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