Siento un rechazo instintivo cuando veo a alguien comiendo cantidades enormes de comida para entretener a otros y ganar dinero, sabiendo que tanto alimento termina desperdiciado.
Ahora que lo menciono, casi escucho el término “boomer”, pero desde hace casi una década veo la comida, la alimentación y la sostenibilidad desde otra perspectiva. El fenómeno mukbang no solo me irrita a mí; a muchos adultos y jóvenes también les choca. Sin embargo, vale la pena dejar a un lado la emoción y conocer bien este fenómeno, porque su historia es tan interesante como triste, y como suele pasar, no todo es blanco o negro en este género.
¿De qué tratan básicamente los videos mukbang?
La esencia de los videos mukbang parece simple: alguien se graba comiendo grandes porciones de comida de una sentada, a menudo menús de comida rápida, mariscos o platos especiales y llamativos (a veces poco apetitosos). Pero el foco no está solo en la comida, sino en toda la experiencia: los sonidos crujientes, el masticar, el ritmo de la comida y, en muchos casos, los espectadores pueden comentar en vivo, preguntar y reaccionar a lo que ven.
Esta interacción hace que todo sea extrañamente personal, incluso si estamos a miles de kilómetros de distancia.

El trasfondo triste
No es casualidad que este género naciera en Corea del Sur a principios de la década de 2010. Antes, comer era un evento comunitario tradicional, pero cada vez más personas vivían solas, sin familia ni pareja. La soledad social llevó a que muchos cenaran sin compañía.
Si has estado en Corea del Sur o visto videos o fotos, sabes que sus ciudades son increíblemente modernas pero también un poco impersonales y distantes. Es lógico que en ese contexto, al final del día, anhelemos un ambiente cálido y cercano. El mukbang surgió como respuesta a esa carencia en el espacio digital:
Ofrecía una compañía virtual para quienes no querían cenar solos y en silencio.

¿Te irrita o te calma?
La investigación sobre ASMR aún está en pañales, pero sin duda ayuda a entender la popularidad de los videos mukbang, ya que muchas personas encuentran los sonidos de la comida muy relajantes. El crujir, sorber y el suave golpeteo de las cucharas alivian el estrés para algunos y desconectan el sistema nervioso saturado tras un día largo para otros.
También está la satisfacción visual: si estás a dieta o intentando comer conscientemente, un video mukbang puede calmar ese deseo de “comer algo prohibido” sin que realmente lo hagas.
Aunque tiene base genética o neurológica, para mí esta faceta es algo triste. El ASMR a menudo se relaciona con el mundo “acústicamente aislado” del útero, no es casualidad que los videos ASMR para relajación usen pulsos rítmicos de baja frecuencia. Esto sugiere que la popularidad del ASMR también refleja una carencia de entornos seguros y calmados en nuestras vidas.
Aunque vivimos en un mundo tecnológicamente avanzado, la seguridad maternal que moldeó nuestro sistema nervioso durante milenios ha quedado relegada, y parece que la necesitamos.
El éxito del ASMR es en realidad un síntoma, una respuesta a la soledad funcional. El ser humano es muy ingenioso y lo demuestra una vez más: si el entorno no ofrece seguridad social y emocional, la creamos artificialmente.

Pero esto no significa que el género no tenga problemas
El ASMR es una parte aparte y quizás la menos problemática de los videos mukbang. La salud de los creadores está en serio riesgo cada vez que consumen grandes cantidades de comida grasosa, azucarada o salada, lo que puede causar obesidad, problemas metabólicos, digestivos e incluso rupturas estomacales.
Desde el lado de los espectadores tampoco es todo color de rosa: muchos temen que estos videos normalicen el comer sin control, generen culpa o refuercen trastornos alimenticios. Y ni hablar del impacto económico y ambiental, y el desperdicio de comida que influye a cientos de miles o incluso millones.
¿Qué dice la ciencia?
Con todo esto en mente, me sorprendió mucho cuando investigadores de la Universidad de Melbourne (Lin, J., Portingale, J., & Krug, I. 2026.) publicaron un estudio reciente que no confirmó el guion esperado. En el estudio, 327 jóvenes vieron un video mukbang de diez minutos y reportaron cómo se sentían antes y después, su deseo de comer, su estado de ánimo y su relación con su cuerpo.
Los resultados contradijeron varias suposiciones: los participantes reportaron menos ganas de comer tras el video. En mujeres, bajó la probabilidad de recurrir a dietas estrictas, y en hombres, la urgencia de comer en exceso disminuyó. La imagen corporal negativa no cambió, lo cual es positivo: no se sintieron peor con su cuerpo. Solo el estado de ánimo positivo bajó un poco, pero los investigadores creen que fue porque un video de diez minutos les pareció aburrido a jóvenes acostumbrados a contenidos rápidos y dinámicos.

¿Cuál puede ser la explicación? Tal vez que el mukbang en ciertos casos quita la vergüenza y ansiedad de comer. Ver a alguien comer sin culpa, disfrutando y sin castigarse, puede aliviar tu propia tensión interna.
Pero es importante destacar que este estudio analizó efectos a corto plazo y sin grupo control. No sabemos qué pasa si alguien consume estos contenidos regularmente por meses o años, ni si funciona igual para todos (probablemente no). Los expertos aconsejan precaución: el mukbang no es una solución mágica ni un entretenimiento inocente.
La lección es que este fenómeno es mucho más complejo que simplemente etiquetarlo como dañino o beneficioso. Puede ofrecer comunidad, aliviar el estrés y brindar alivio temporal, pero también plantea preguntas legítimas sobre el desperdicio, la salud y los efectos mentales a largo plazo. El mukbang es quizá un espejo que refleja lo ambivalente que es nuestra relación con la comida, el placer, la soledad y el control en esta era digital en la que vivimos.











