Lo que vive mejor fuera de la nevera
Tomates, patatas, cebollas, ajos y calabazas piden despensa, oscuridad y aire. El tomate en frío pierde aroma y textura y se vuelve harinoso; la patata en frío cambia su sabor al cocinarla. Los plátanos y los aguacates que todavía están duros terminan de madurar en la fruteria de la encimera, y solo entran en la nevera cuando ya están en su punto y quieres frenarlos un par de días. El pan tampoco gana nada dentro: se endurece antes; mejor en una bolsa de tela o congelado en rebanadas. La miel y el aceite se quedan en el armario.
Contenedores, etiquetas y la caja de "cómete primero"
Los recipientes transparentes son la diferencia entre ver lo que tienes y descubrirlo tarde. Trasvasa los restos a tarros o táperes de cristal y ponles una etiqueta con la fecha, aunque sea con cinta de carrocero y bolígrafo: en la práctica, es lo que hace que las sobras se coman.
El truco que más cambia la nevera es reservar una caja abierta a la altura de los ojos con todo lo que hay que consumir en los próximos dos días: la mitad del brócoli, el queso a punto, el yogur al límite. Cuando alguien de casa abra la puerta con hambre, esa caja es lo primero que verá. Y cada vez que llegues de la compra, dedica un minuto a llevar lo antiguo hacia delante y colocar lo nuevo detrás.






