Hay un momento revelador en toda cocina: abrir la nevera un jueves y encontrar medio pimiento arrugado, un yogur caducado detrás de una botella y unas sobras que ya no sabes de qué día son. No es desorden por dejadez, es que casi nadie nos explicó que una nevera no enfría igual por todas partes, y que colocar cada cosa donde le corresponde alarga días de vida a los alimentos. Cuando entiendes el mapa, dejas de tirar comida casi sin esfuerzo.
El mapa: de la puerta al cajón
La puerta es la zona más templada y la que más sufre los cambios de temperatura cada vez que abres. Ahí van las cosas resistentes: salsas, mostaza, mermeladas abiertas, bebidas, aliños. Es el peor sitio para la leche fresca, por más que muchos frigoríficos traigan un hueco con forma de brik.
Las baldas superiores suelen tener una temperatura más estable y algo más alta: son ideales para lo que ya está cocinado o listo para comer, es decir, sobras bien tapadas, tarrinas abiertas, embutidos, yogures. Las baldas centrales, para los lácteos y los huevos. Y la balda inferior, justo encima del cajón, es la más fría de la nevera: ahí es donde deben ir la carne cruda y el pescado, siempre en un recipiente cerrado o sobre un plato, para que ningún jugo gotee sobre lo que hay debajo. Esta regla, la de crudo abajo y cocinado arriba, es la más importante de todas.
Los cajones inferiores tienen más humedad y están pensados para frutas y verduras. Conviene separar las frutas que maduran rápido, como manzanas o peras, de las verduras de hoja, porque aceleran su deterioro. Y no laves las hojas verdes antes de guardarlas: guárdalas secas, envueltas en un paño limpio o papel de cocina, y lávalas justo antes de usarlas.






