La compra por colores y texturas, no por recetas
Segundo cambio: comprar pensando en la despensa, no en los platos. Mi lista tiene cuatro bloques fijos. Verdura de hoja y verdura de color (algo verde, algo naranja o rojo, algo blanco tipo coliflor o puerro). Proteínas de al menos tres orígenes distintos, contando legumbre y huevo. Un hidrato que no sea el habitual: si siempre compras arroz, esta semana que sea cuscús, patata o un cereal en grano. Y un cajón de arreglos: limones, hierbas frescas, frutos secos, semillas, encurtidos, yogur natural.
Ese último bloque es el que de verdad cambia la sensación de variedad. El mismo plato de pollo con calabacín es otra cosa con ralladura de limón y almendra tostada por encima, con yogur y comino, o con un poco de encurtido picado. Añadir un acabado cuesta treinta segundos y modifica el sabor, el color y la textura, que es lo que el paladar registra como novedad.
La nevera cuenta la verdad de lo que comerás
Si la fruta está en el cajón inferior y las galletas a la altura de los ojos, la semana ya está decidida. Colocar es decidir por adelantado. Pon en el estante central, a la vista, lo que quieres que se coma primero: verdura lavada, fruta cortada, una legumbre ya cocida en un bote de cristal. Reserva un espacio fijo, siempre el mismo, para lo que hay que consumir en dos días; en casa lo llamamos la balda del corre.






