Añade un hábito mínimo de domingo, de veinte minutos y sin heroicidades: lavar y secar la hoja verde, cocer un puñado de cereal, asar una bandeja de verdura variada y dejar dos salsas rápidas listas, por ejemplo una vinagreta de mostaza y un yogur con limón y hierbas. Con esas cuatro cosas en la nevera, montar un plato variado un martes a las nueve de la noche deja de ser una decisión y pasa a ser un montaje.
¿Cómo consigo variar si no quiero cocinar más de lo que ya cocino?
La clave es variar los acompañamientos y los acabados, no las recetas principales. Mantén tus cuatro o cinco platos base y cambia el cereal, la verdura de guarnición y el toque final: una semana con limón y hierbas, otra con pimentón y yogur, otra con frutos secos y vinagre suave. También ayuda cocinar una vez y transformar después, como convertir el sobrante de verdura asada en crema o en relleno de tortilla al día siguiente.
¿Qué hago si en casa solo aceptan tres o cuatro platos?
Introduce lo nuevo junto a lo conocido, nunca en sustitución: el plato de siempre más una cucharada del ingrediente nuevo en el mismo plato, sin obligar a terminarlo. La repetición sin presión funciona mucho mejor que la negociación, y conviene dar tiempo, porque aceptar un sabor nuevo suele llevar varias exposiciones. Si detrás del rechazo hay una restricción real, una alergia o una preocupación por el crecimiento de un niño, eso ya no se resuelve con organización y merece la consulta con un profesional de la nutrición o con tu médico.











