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Peso, cuidado de la piel y relaciones: cómo hablo de estos temas con mi hija para que sean sobre salud y no sobre vergüenza

Schuster Borka4 min de lectura
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Peso, cuidado de la piel y relaciones: cómo hablo de estos temas con mi hija para que sean sobre salud y no sobre vergüenza — Salud
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No voy a mentir, mi hija me ha hecho preguntas como – ¿Dónde está el cuello de la serpiente? ¿Por qué la lengua de la jirafa es azul? ¿Cómo sabemos que el espacio es infinito y no solo que aún no llegamos al final? – que ningún libro para padres podría haberme preparado para responder.

Pero hay temas mucho más profundos que esas preguntas divertidas, para los que me preparé conscientemente, porque sabía que lo que le diga puede marcar para siempre la relación que tenga con su propio cuerpo. Por ejemplo, el peso, el cuidado de la piel y las relaciones de pareja.

Los tres son temas densos y sensibles, cargados de expectativas sociales, juicios y mensajes basados en la vergüenza. Por eso creo que si yo no hablo con ella de forma consciente, en un marco de salud y autoestima, alguien más lo hará – y no necesariamente de la manera que le beneficie.

Para mí, la regla número uno es: ni el peso, ni la piel, ni las relaciones deben ser temas de vergüenza o presión para encajar.

La vergüenza no impulsa cambios saludables, solo culpa, ansiedad y represión.

Mi objetivo es que mi hija construya una relación con su cuerpo en la que sienta que ese cuerpo es suyo y que ella es responsable de cuidarlo. No hacemos ejercicio, comemos verduras o nos lavamos la cara porque "debemos" o para "cumplir", sino porque nuestro cuerpo es nuestro compañero de vida. Merece cuidado, y nosotros merecemos sentirnos bien en él.

Sobre el peso

Por ejemplo, nunca hablo con ella de "engordar" o "adelgazar". Más bien, le cuento lo fuerte que es, cuánta energía tiene, y lo bien que corre, salta o monta en bici. Siempre enfoco en el rendimiento, funcionamiento y salud del cuerpo, no en su tamaño.

Si algún compañero hace un comentario sobre la apariencia de alguien, hablamos de que el cuerpo de otros no es para juzgar, y que es natural que las personas tengan formas y tamaños diferentes; todos somos distintos, pero nadie es mejor o peor.

Madre e hija riendo juntas

Sobre el cuidado de la piel

Tampoco hablamos del cuidado de la piel como una batalla eterna por una piel “perfecta”. Cuando me desmaquillo o sigo mi rutina de cuidado mientras ella se mueve por el baño, le explico que el cuidado no busca evitar granos o arrugas, porque ambos son naturales e inevitables.

Cuido mi piel porque la quiero, porque es parte de mí y quiero darle lo que necesita. Cuando la animo a usar crema hidratante después del baño o le enseño a limpiar su cara tras un día largo, siempre le digo: no lo hacemos para gustarle a otros, sino para que nuestra piel se sienta bien.

El cuidado no es un proyecto estético, es un acto de amor. Y no pasa nada si la piel a veces está cansada, roja o con granitos – no es un fracaso, es parte de la vida.

Sobre las relaciones

Creo que la imagen que tenemos de nosotros mismos está muy ligada a las relaciones. La pregunta natural es: ¿basta con gustarnos a nosotros mismos o queremos gustar también a los demás?

El deseo de atención de alguien que nos parece atractivo es natural, pero trato de sembrar en ella la idea de que en una relación lo más importante es cómo tratamos a los demás, cómo nos tratan y cómo nos sentimos dentro de esa relación.

Es decir, en una relación no importa cómo luces tú ni cómo luce la otra persona, sino cómo te sientes. El respeto, la honestidad y la empatía son bases mucho más fuertes que cualquier “ideal romántico”. Quiero que mi hija sepa que una relación es saludable si da espacio, no lo limita; si apoya, no critica; si construye, no avergüenza.

En estas conversaciones, siempre busco que no trate de cumplir con expectativas externas, sino con su propia medida interna. Que ame su cuerpo incluso cuando no esté en su mejor momento. Que no sienta que debe borrar cada granito solo porque no aparecen en las portadas de las revistas. Que no crea que en una relación debe demostrar algo con su apariencia.

Mi objetivo es simple: que su relación con su cuerpo se base en la aceptación y el amor, no en la vergüenza. Que sepa que su cuerpo no es un proyecto, ni un tema de discusión, ni un reflejo de su rendimiento, sino el escenario de su vida. Creo que si aprende a tratarlo con respeto y aceptación, tendrá bases sólidas y saludables para toda la vida.

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