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Por eso ya no siento culpa por tomarme las cosas con calma en diciembre

Nyul Debóra4 min de lectura
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Por eso ya no siento culpa por tomarme las cosas con calma en diciembre — Salud
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Durante años, mis diciembres solían ser iguales: horas extras, entregas, proyectos de fin de año, fechas límite, y al final, ese conocido estado de "apenas aguanto hasta Navidad". A veces era el estudio, otras el trabajo, y a veces ambos al mismo tiempo los que me tenían acorralada.

Un mes que para muchos es sinónimo de calidez, descanso y ambiente festivo, para mí fue durante mucho tiempo la última etapa de una maratón agotadora. Aunque desde fuera parecía que todo estaba bien, por dentro las señales de alerta sonaban cada vez más fuerte. Hoy, con plena conciencia, evito llegar a ese punto.

El cuerpo no olvida, pero enseña

Con los años aprendí que el desgaste constante tiene un precio. El estrés no es solo un mal humor pasajero o cansancio, es una carga que el cuerpo simplemente deja de soportar. En mi caso, esto se traducía en enfermarme justo después de diciembre. Por ejemplo, el año pasado caí enferma justo en Nochebuena, como si mi cuerpo me dijera literalmente: "hasta aquí llegué".

Esta experiencia fue la última señal. Me di cuenta de que si seguía así, cada fin de año me estaba destruyendo a mí misma, y no importaba cuánto lograra, si sin querer me hacía daño.

La decisión: reducir el ritmo, por mí

Joven mujer feliz con un regalo

Después de esa enfermedad, tomé una decisión importante: diciembre ya no puede ser la línea de meta del agotamiento. De hecho, ningún mes debería serlo. Entendí que el descanso no es un premio que merezco solo cuando estoy completamente exhausta, sino una necesidad. Es tan esencial como comer o dormir.

La clave del cambio fue una simple revelación: no siempre tengo que ser "útil". La ilusión de ser productivos puede hacernos creer que debemos estar en constante movimiento. Pero muchas veces, la mejor decisión es detenernos.

Paseos, silencio, no hacer nada: nuevas fuentes de energía para mi alma

Ahora dedico tiempo consciente para desacelerar, no solo en diciembre. A veces salgo a la naturaleza, camino por un parque cercano y simplemente disfruto del aire fresco. Otras veces, me doy el gusto de mirar escaparates, comprar pequeños detalles o sentarme con un café y permitirme no hacer nada especial.

Antes, estas pausas me llenaban de culpa, como si esas horas fueran tiempo perdido que debería dedicar al trabajo. Hoy sé que esos momentos me dan la fuerza para cumplir mis tareas con equilibrio y energía.

Menos prisas, más tiempo para mí y una vida más productiva

Taza navideña

Curiosamente, desde que incorporé el descanso a mi rutina, no trabajo menos. Al contrario, creo que soy más eficiente.

La diferencia está en cómo trabajo. No en piloto automático ni corriendo contra el tiempo, sino escuchando mi propio ritmo. Organizo mis días, dejo espacio para parar, y así el trabajo no afecta mi salud.

Descubrí que ser productiva no significa aprovechar cada minuto, sino usar bien esos minutos en los que realmente me concentro en mis tareas.

¿Por qué ya no siento culpa por tomarme las cosas con calma en diciembre?

Porque hoy entiendo que la pereza muchas veces no es flojera, sino recuperación. Entiendo que mi cuerpo y mi alma necesitan días más tranquilos, y que a veces "no hacer nada" es justo lo que más necesito.

El descanso ya no es una excepción, sino parte de mi vida. No es escapar de las responsabilidades, sino un acto importante que hago por mí.

En diciembre y en cualquier otro mes, la desaceleración es bienvenida

Si algo me enorgullece de los últimos años es que he aprendido a escucharme. He aprendido a decir no al exceso y sí al tiempo para mí. Esta decisión interna ha equilibrado toda mi vida.

Diciembre ya no es para mí un mes de rendimiento, sino de permitirme lo que antes no me atrevía: la calma. Y lo que es aún más importante, ya no lo hago solo en diciembre.

Ahora sé que ningún mes tiene que ser una carrera, un ritmo agotador o una presión constante por demostrar algo. Logro mucho más cuando el descanso es parte natural de mi rutina y no solo una excepción al final del año.

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