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Por qué valió la pena ir a terapia: ahora puedo decir que no sin culpa

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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Por qué valió la pena ir a terapia: ahora puedo decir que no sin culpa — Estilo de vida
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Hace unos años, si alguien esperaba ayuda de mí, me pedía algo o me invitaba a algún lugar, casi siempre decía que sí, aunque por dentro todo mi cuerpo protestara. Tenía miedo de herir a otros, de parecer egoísta o de decepcionar. Pensaba que si no iba ahora, la próxima vez no me invitarían. Pero en mi camino de crecimiento personal —tras leer mucho y hacer terapia grupal e individual— aprendí algo mucho más valioso: decir que no no es un pecado, es una forma amorosa de protegerme.

Una frase se quedó grabada en mí para siempre: “Cuando dices no a algo que no quieres hacer, en realidad estás diciendo sí a ti mismo.” Esta idea me acompaña cada vez que enfrento decisiones difíciles.

¿Pero qué dirán los demás?

La mayoría no teme decir un no firme, sino lo que otros pensarán después. ¿Se enojarán? ¿Se alejarán? ¿Cambiarán de opinión o empezarán a chismear? Con el tiempo entendí que quien realmente me quiere y respeta no valora mi necesidad de agradar, sino a mí y mi honestidad. Y a quien no, no vale la pena dedicarle tiempo ni energía.

Un estudio muestra que quienes se sobrecargan y no saben decir no tienen más riesgo de agotamiento y depresión. ¿Queremos eso para nuestros seres queridos? Difícilmente. Sobre todo sabiendo que quienes ponen límites saludables se sienten más equilibrados y felices.

Source: unsplash.com

Decir no no es egoísmo, es autenticidad

La sociedad nos ha enseñado (especialmente a las mujeres) que ser queribles significa complacer a todos y estar siempre disponibles. Esperan un “sí” automático: estar siempre accesibles, adaptarnos, ayudar con una sonrisa aunque no tengamos ganas ni energía. Pero esta expectativa no solo está pasada de moda, sino que agota y puede llevar a ignorar nuestras necesidades, al agotamiento y a perder la confianza en nosotros mismos.

Decir no no significa ser indiferente o insensible, ¡todo lo contrario! Quien puede expresar sus límites y decir cuándo no quiere participar, es más auténtico y construye relaciones más claras y sinceras, tanto con los demás como consigo mismo.

Primero, aclara qué quieres tú

Muchos no saben decir no porque no tienen claro a qué quieren decir sí. El autoconocimiento es clave aquí. Cuanto mejor entiendas tus valores, necesidades y el tiempo real que tienes, más fácil será poner límites.

También ayuda notar cuándo te sientes incómodo tras decir que sí; esa incomodidad suele ser una señal de que en realidad querías decir no. Esas pequeñas señales son brújulas valiosas.

Terapia y decir no
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Tememos las reacciones y emociones ajenas

A menudo sobrepensamos cómo reaccionarán los demás, pero ellos suelen no dramatizar tanto el rechazo como nosotros. Es vital entender: no somos responsables de los sentimientos o reacciones de otros, solo de nuestros propios límites.

Quien realmente te valora entenderá que te priorizas a ti mismo y que la relación sigue siendo valiosa aunque no estés siempre disponible. Eso es lo que distingue los vínculos superficiales de las conexiones profundas y respetuosas.

Decir no es más fácil con práctica

Decir no es una habilidad que se aprende. Al principio puede ser incómodo, pero con práctica se vuelve natural. Empieza con decisiones pequeñas, situaciones cotidianas, incluso por escrito como hice yo (así pude ordenar mejor mis ideas). Luego pude expresar mis límites con más firmeza en persona. Hoy respondo con un no inmediato cuando no quiero algo. Y dar ese paso me permitió pedir ayuda cuando la necesito. ¿El resultado? Mis días ya no están saturados, me dedico tiempo y me siento mucho más equilibrada en todas mis relaciones.

El objetivo no es nunca más decir sí o evitar cualquier tarea incómoda, sino que tu sí sea valioso porque viene del corazón, no por costumbre o miedo. Y cuando dices sí así, todos ganan a largo plazo.

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