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¿Y si cuidáramos nuestras amistades igual que cuidamos nuestras relaciones de pareja?

Schuster Borka4 min de lectura
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¿Y si cuidáramos nuestras amistades igual que cuidamos nuestras relaciones de pareja? — Estilo de vida
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Artículo de opinión: Bárbara López

Últimamente me encuentro una y otra vez con la misma idea en redes sociales: ¿qué pasaría si tratáramos nuestras amistades con la misma atención, intención y prioridad que dedicamos a nuestras relaciones de pareja? Al principio me pareció una exageración. Pero cuanto más lo pensaba, menos lo parecía.

Si soy honesta, mis amistades han sido muchas veces los puntos más estables de mi vida, más que cualquier relación romántica. Una buena amiga te acompaña durante años, a través de rupturas, mudanzas, reinvenciones y nuevos comienzos. Está ahí cuando una relación termina y también cuando empieza otra. Y aun así, tengo tendencia a darlas por sentadas.

A las relaciones de pareja siempre les damos más

En una relación romántica, casi de forma automática ponemos más energía. Organizamos planes, prestamos atención, intentamos estar presentes, trabajamos en la conexión. Si algo no funciona, lo hablamos. Si nos distanciamos, hacemos el esfuerzo de volver a acercarnos.

Con las amistades, esto ocurre mucho menos conscientemente. Solemos dejarnos llevar: si hay tiempo, quedamos; si no lo hay, aplazamos esa llamada o ese café hasta que… simplemente no sucede.

Y sin embargo, las amistades también necesitan cuidado. Quizás incluso más, porque no existe ese vínculo implícito de compromiso que en una pareja actúa como red de seguridad. Una amistad puede apagarse poco a poco sin que nadie se dé cuenta de que había que trabajarla.

Hay algo valioso en esta tendencia que vale la pena tomar en serio: empezar a tratar a nuestros amigos con más intención. No escribirles solo cuando tenemos un rato libre, sino dedicarles tiempo de verdad. Organizar planes que no sean los restos de nuestra agenda, sino decisiones conscientes.

Pero, ¿de verdad tenemos esa capacidad?

Dicho esto, creo que las redes sociales, como suele ocurrir, han llevado esta idea un poco demasiado lejos. Porque si tomáramos este principio al pie de la letra, surge una pregunta incómoda pero muy concreta: ¿tenemos realmente la energía para eso?

Una relación de pareja ya de por sí consume tiempo y energía emocional. Si extendiéramos ese mismo nivel de atención a cada una de nuestras amistades, estaríamos hablando de un segundo —o tercer— trabajo a jornada completa. Y en medio de todo eso están el trabajo, la familia y algo muy infravalorado: la necesidad de estar a solas con una misma.

Además, no todas las amistades son iguales. Hay vínculos profundos y cotidianos, y hay otros más espaciados pero igualmente importantes. Intentar mantener todos con la misma intensidad no nos llevaría a relaciones más fuertes, sino probablemente al agotamiento.

Así que quizás el objetivo no es tratar las amistades exactamente igual que una relación de pareja. El objetivo es cambiar la actitud de base: trasladar a nuestras amistades ciertas cosas que sí hacemos bien en las relaciones románticas, como la atención, la presencia consciente y la voluntad de crear tiempo para el otro.

Lo más importante: no darlas por sentadas

Tendemos a pensar que los amigos "siempre estarán ahí". Pero la realidad es que ellos también están ocupados, también cambian, también evolucionan. Y también necesitan sentir que importan.

Para mí, esta idea se ha convertido en un recordatorio, no en una norma. No se trata de elevar cada amistad al nivel de una relación de pareja, sino de estar un poco más presente en ellas. De forma más consciente y menos automática.

La llama no solo se apaga en las relaciones románticas cuando no la alimentamos. En las amistades también. Y aunque no haya que gestionarlas igual, sí merecen que las tratemos como una prioridad real, no como algo que encajamos cuando sobra tiempo.

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