Es difícil creer que hayan pasado siete años desde que, en la sala de partos, pusieron sobre mi pecho un pequeño paquetito quejumbroso, pegajoso y cálido, mientras la partera sonreía y decía: “Ahora empieza lo difícil”. Y con esa frase me convertí en mamá. Comencé un camino que ni en sueños imaginaba: lleno de desafíos, lágrimas, preocupaciones, pero también de una felicidad y amor indescriptibles.
Si pudiera sentarme ahora con mi yo de hace siete años — esa persona con ojeras, insegura pero llena de amor mirando a un recién nacido — le diría estas siete cosas.
Las noches sin dormir terminarán
Sé que ahora sientes que esta es la nueva normalidad y que nunca volverás a dormir una noche entera. Pero sí, lo harás. Te lo prometo. No será mañana ni la próxima semana, y ni siquiera el próximo año. Pero llegará. En perspectiva, este es un período muy corto, aunque ahora los días y las noches parezcan eternos.

No te obsesiones con ser la mamá perfecta
No lo serás. No vale la pena preocuparse por eso. La “mamá perfecta” es un personaje ficticio en Instagram, con mala iluminación y buenos filtros. Solo intenta dar lo mejor de ti, una y otra vez. Eso será más que suficiente. Debe ser suficiente.
Lee un poco menos
Está genial que te informes y conozcas las recomendaciones, porque las necesitarás cuando el sistema de salud y educación no esté a la altura. Pero mientras te angustias por si introducir apio antes o después de la tapioca, olvidas disfrutar este momento. Sí, se puede disfrutar. Está permitido. No todas las decisiones son cuestión de vida o muerte, aunque así lo parezcan en el momento.

¡Atrévete a pedir ayuda!
No tienes que hacerlo sola. No serás menos si te cansas. Y no pierdes puntos de mamá si a veces solo quieres dejar todo y sentarte en silencio cinco minutos. La ayuda no es un fracaso, es un recurso.
No te compares con otras mamás
Puede que tengan más ayuda. Puede que simplemente estén fingiendo. O tal vez realmente soportan mejor esta carga que tú. Pero para tu hija, tú serás la mejor mamá. Nunca te cambiaría por nadie.
No pasa nada si no eres “solo” mamá
La maternidad exige todo de ti, y especialmente al principio puede consumirlo todo. Pero no eres egoísta ni mala mamá si deseas una conversación adulta, un café con amigos o retomar un hobby. No le quitas nada a tu hijo; solo te recuerdas que tú también existes. Está bien, y si lo piensas, quieres que él también crezca siendo un ser completo. ¿Por qué no darle ese ejemplo?

Al final, todo se resolverá
Habrá momentos en que sientas que no puedes con todo. Que es demasiado. Te lo digo: lo lograrás. No siempre con elegancia ni a la primera, pero juntos encontrarán la manera. Y de repente estarán ahí: tú y tu hija, un equipo invencible que siempre podrá contar el uno con el otro.
Y te lo digo ahora desde la experiencia.











