Hay un momento muy concreto en que una se da cuenta: sacas la colada, la hueles y no huele a nada bueno. No es suciedad, es un olor cerrado, entre húmedo y agrio, que se nota sobre todo en las toallas y en las camisetas de algodón cuando llevan un rato puestas. Cambias de detergente, echas más cantidad, pruebas con suavizante, y el olor sigue. Normal: el problema no está en la ropa, está en la máquina.
Lo que ocurre dentro de una lavadora moderna tiene bastante lógica. Lavamos casi todo a treinta grados, usamos detergente líquido y cerramos la puerta al terminar. Esa combinación deja restos de grasa, jabón y humedad en los rincones del tambor, y ahí se instala una película biológica que huele. La buena noticia es que se arregla con un mantenimiento sencillo y bastante poco frecuente.
La goma de la puerta, el punto número uno
Si tu lavadora es de carga frontal, abre la puerta y tira suavemente del pliegue de goma hacia fuera. Ahí suele haber agua estancada, pelusa, algún calcetín de bebé y, con el tiempo, manchas oscuras. Pasa un paño con agua caliente y un poco de jabón, insistiendo en la parte baja, que es donde se acumula todo. Si hay manchas negras muy marcadas, un paño humedecido en agua oxigenada o un limpiador antimoho específico ayuda, pero sin frotar con estropajo metálico: si rompes la goma, la reparación es cara.
Lo más importante viene después: seca la goma con un trapo y deja la puerta entreabierta entre lavados. Ese gesto, solo ese, elimina buena parte del olor en dos semanas.
El cajetín y el filtro, los dos olvidados
El cajón del detergente se saca casi siempre tirando con firmeza después de presionar una pestaña. Sumérgelo en agua caliente un rato y frota con un cepillo de dientes viejo, sobre todo la tapa del compartimento del suavizante, donde se forma una pasta gelatinosa. Aprovecha para limpiar también el hueco donde encaja: con una bayeta enrollada alcanzas el techo de ese compartimento, que suele estar lleno de restos.
El filtro de la bomba de desagüe está detrás de una trampilla en la parte baja delantera. Pon una bandeja plana y un par de toallas en el suelo antes de abrirlo, porque sale agua. Desenrosca, limpia lo que encuentres (monedas, horquillas, pelusa compactada), aclara el filtro bajo el grifo y vuelve a enroscarlo bien. Si tu lavadora es de carga superior o no encuentras la trampilla, consulta el manual antes de forzar nada.
El lavado en vacío: cómo hacerlo bien
Con el tambor vacío, pon el programa más largo y caliente que tenga tu máquina, de noventa grados si existe, o el ciclo de limpieza del tambor si tu modelo lo incluye. Puedes añadir un producto limpiador específico para lavadoras o unas cucharadas de percarbonato sódico en el tambor, que trabaja muy bien con el calor. El ácido cítrico es la opción más eficaz si tu zona tiene agua dura y notas cal.
Dos advertencias prácticas. El vinagre es ácido y se usa mucho, pero a largo plazo puede resecar gomas y juntas, así que mejor de forma ocasional que como rutina mensual. Y nunca mezcles productos: lejía y vinagre juntos generan vapores irritantes. Un solo producto por ciclo, siempre.
¿Cada cuánto hay que limpiar la lavadora?
Con un lavado en vacío al mes y un repaso de goma y cajetín cada dos o tres semanas suele ser suficiente en una casa normal. Si en tu casa se lava a diario, hay deporte, animales o ropa de trabajo, sube la frecuencia del ciclo caliente a cada dos o tres semanas, y limpia el filtro al menos cuatro veces al año.
¿Por qué huele mal la ropa aunque la lavadora esté limpia?
Suele ser una cuestión de tiempo y de temperatura: la colada que se queda horas dentro del tambor mojada empieza a oler aunque la máquina esté impecable, y los lavados siempre a treinta grados no eliminan del todo los restos grasos de las toallas. Prueba a tender nada más terminar el ciclo, a reducir la dosis de detergente (el exceso deja residuo) y a hacer una colada de algodón a sesenta grados de vez en cuando.










