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Cómo limpiar la lavadora de verdad: los tres puntos que casi nadie toca

Borka Zapatero5 min de lectura
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Cómo limpiar la lavadora de verdad: los tres puntos que casi nadie toca — Hogar y limpieza
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Hay una escena que se repite en casi todas las casas en agosto: sacas la colada, acercas la nariz y en lugar de ropa limpia hueles algo húmedo, entre trapo de cocina y sótano. Lo primero que hacemos es echarle la culpa al detergente o al suavizante, y compramos otro. Lo segundo, subir la dosis. Y así entramos en el círculo que empeora el problema, porque el olor casi nunca viene de la ropa: viene de la máquina, donde se acumula una mezcla de restos de detergente, grasa corporal, pelusa y humedad que en verano fermenta a toda velocidad.

Las señales de que tu lavadora está sucia

Presta atención a tres pistas. La primera, el olor al abrir la puerta, aunque lleve horas cerrada. La segunda, puntitos oscuros o una película grisácea en el pliegue de la goma. La tercera, ropa que sale con pelusas, con marcas blanquecinas o menos absorbente de lo normal, algo especialmente evidente en las toallas. Si aparece cualquiera de las tres, la máquina lleva tiempo pidiendo una limpieza y ningún programa normal se la va a dar, porque los lavados en frío que hacemos casi siempre no alcanzan la temperatura necesaria para disolver los residuos grasos.

Los tres puntos que hay que limpiar

El primero es la goma de la puerta. Ábrela con cuidado con los dedos y verás el pliegue inferior, donde se queda el agua estancada con pelusa, un calcetín perdido y a veces horquillas. Se limpia con un paño y agua caliente con un poco de jabón, insistiendo en todo el perímetro, y después se seca. Si hay manchas negras muy incrustadas, un producto antimoho apto para gomas puede ayudar, pero sin frotar con estropajos metálicos: si rasgas la goma, empieza otro problema mucho más caro.

El segundo es el cajetín del detergente. Se saca entero en casi todos los modelos (suele haber una pestaña que se presiona) y se pone en remojo en agua caliente. Ahí es donde se forma esa pasta gelatinosa entre morada y verdosa que huele fatal. Con un cepillo de dientes viejo se limpian los recovecos y, muy importante, también el hueco de la máquina donde encaja, que suele estar igual de sucio.

El tercero es el filtro de la bomba, el gran olvidado. Está detrás de una tapa pequeña en la parte inferior frontal. Antes de abrirlo pon una bandeja plana y trapos en el suelo, porque siempre sale más agua de la que esperas. Se desenrosca, se retira lo que haya (pelusa, monedas, clips) y se enjuaga bajo el grifo. Con la máquina desenchufada y siguiendo lo que diga el manual de tu modelo. Este paso solo es de un cuarto de hora y elimina muchísimo olor.

El lavado en vacío que remata el trabajo

Con los tres puntos limpios, pon un programa largo a la temperatura más alta que permita tu máquina, con el tambor vacío. Puedes ayudarte de percarbonato sódico en el tambor, que trabaja muy bien con calor y ataca la materia orgánica, o de ácido cítrico si tu zona tiene agua dura y sospechas de cal. Elige uno u otro, no lo mezcles todo, y nunca combines lejía con otros productos. El vinagre se recomienda mucho, pero conviene usarlo con moderación: en uso frecuente puede resecar gomas y juntas.

Después, la parte que evita repetir la faena: deja siempre la puerta y el cajetín entreabiertos entre lavados, seca el pliegue de la goma cuando termines la última colada del día, no dejes ropa mojada dentro más de una o dos horas y baja la dosis de detergente si el agua de tu zona es blanda. Cuanto menos producto pongas, menos residuo se queda pegado. Y de vez en cuando, un programa a temperatura alta con la colada de trapos y toallas hace de limpieza de mantenimiento gratis.

¿Cada cuánto hay que limpiar la lavadora?

Como norma cómoda de recordar: la goma y el cajetín, una vez al mes; el filtro, cada dos o tres meses; y el lavado en vacío a temperatura alta, una vez al mes si lavas casi todo en frío o si en casa sois muchos. En verano, con el calor y la ropa de deporte y de playa, conviene acortar los plazos. Si acabas de descubrir el filtro después de años, no te agobies: se limpia una vez a fondo y a partir de ahí es mantenimiento.

¿Por qué la ropa huele a humedad aunque esté recién lavada?

Casi siempre por una combinación de tres cosas: biofilm acumulado en la máquina, exceso de detergente o suavizante que no se enjuaga del todo, y ropa que se queda demasiado tiempo dentro del tambor antes de tenderse. Limpia la lavadora a fondo, reduce las dosis y tiende inmediatamente, a ser posible con las prendas separadas y en un sitio ventilado. Si el olor persiste después de todo esto, revisa el desagüe: a veces el problema no está en la lavadora, sino en el sifón al que va conectada.

Sobre la autora

Borka Zapatero

Borka Zapatero escribe sobre el enredo cotidiano entre trabajo, familia y un cerebro TDAH que no respeta los márgenes. Cambia historias honestas por consejos honestos, con desvíos hacia la jardinería urbana y cómo lograr que un martes no parezca una urgencia.

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