El agua caliente fija las manchas orgánicas, así que trabaja siempre con agua fría o templada. Para sudor, orina o manchas amarillentas antiguas, una mezcla de agua fría con un poco de jabón neutro aplicada con un paño apenas humedecido funciona bien; se trabaja desde fuera hacia dentro para no agrandar el cerco y se retira con otro paño limpio y húmedo.
Para manchas de sangre, agua fría a secas y paciencia; nunca caliente. Para café o vino, absorbe primero todo el líquido posible con papel y presión, sin frotar, y después limpia con el paño. En manchas rebeldes puedes probar un poco de agua oxigenada diluida en una zona escondida primero, porque en tejidos de color puede aclarar. Y una advertencia práctica: cuanto más producto eches, más residuo queda dentro, y ese residuo vuelve a atraer suciedad.
Bicarbonato para el olor, y después mucho aire
Con las manchas tratadas y la superficie prácticamente seca, espolvorea bicarbonato por todo el colchón. Si quieres, mézclalo antes con unas gotas de aceite esencial de lavanda, removido en un bol para que se reparta. Déjalo actuar varias horas; si puedes, toda la jornada, porque el bicarbonato necesita tiempo para absorber la humedad y los olores.
Después, aspira otra vez a fondo hasta que no quede polvillo blanco. Ese es el momento de ventilar la habitación de par en par y, si entra el sol, dejar que dé directamente sobre el colchón un rato. Antes de volver a hacer la cama, comprueba con la mano que no queda ninguna zona fría o húmeda.






