Zona 1, la franja fácil: todo lo que está a la altura de los ojos y de las manos. Ahí va solo lo que te pones esta temporada y de verdad usas. Si vas a la oficina cinco días a la semana, esta zona es tu vida laboral: pantalones, camisas, punto fino, un par de vestidos.
Zona 2, la altura media-baja: prendas de uso frecuente pero no diario. Ropa de casa, deportiva, vaqueros del fin de semana, sudaderas.
Zona 3, arriba o al fondo: temporada opuesta y ocasiones especiales. Bañadores, lino, el vestido de boda de invitada, el abrigo largo si aún no ha llegado el frío. Guárdalo en cajas o fundas de tela transpirable, nunca en plástico cerrado, y etiqueta por fuera con dos palabras.
Zona 4, la caja de dudas: aquí va lo que no sabes si conservar. No decides hoy. Cierras la caja, la escribes con la fecha y la pones fuera del armario. Si dentro de seis meses no has ido a buscar nada de ahí, tienes tu respuesta sin dramas ni culpa.
Los detalles pequeños que marcan la diferencia
Unifica las perchas. No por estética: las perchas iguales hacen que la barra ocupe menos y que las prendas cuelguen a la misma altura, con lo que ves de un vistazo lo que tienes. Las finas y aterciopeladas ganan espacio; las de madera gruesa se reservan para chaquetas y abrigos, que necesitan mantener el hombro.






