Hace unos días me topé con la lista de Alexandra Blogier, una autora especializada en psicología. Me llamó la atención porque hablaba de cómo reconocer si alguien está logrando más en su vida de lo que cree.
Recorrí la lista de 10+1 puntos y mientras mentalmente marcaba algunos y dudaba en otros, se hizo claro: es momento de enfocarme en todo lo que ya funciona en mi vida en vez de darle vueltas a lo que hago mal.
1. ¿Cuestionas tus metas?
Según la autora, cuestionar tus metas regularmente no es señal de inseguridad, sino de crecimiento. Me identifiqué al instante. Analizo, reflexiono y replanteo (a veces demasiado), pero aun así tomo decisiones, avanzo y me sumerjo en el trabajo. Hoy sé que esas preguntas no me frenan, sino que afinan mi rumbo.
Esto es clave porque la autorreflexión no es un momento puntual, sino un proceso continuo que dura toda la vida.
Cuando revisas de vez en cuando hacia dónde vas, te das la oportunidad de ser más fuerte, consciente y flexible.
2. ¿Dedicas tiempo al autocuidado?
El siguiente punto habla del autocuidado, y aquí no fue tan obvio marcarlo automáticamente. Tuve que aprenderlo. Tuve que darme tiempo conscientemente, no solo cuando mi cuerpo me lo exigía. A veces aún me pregunto si no exagero con el “descanso” o si soy demasiado indulgente conmigo misma.
Luego me doy cuenta: comer bien, moverme y descansar no es tiempo perdido, sino una inversión en una mejor versión de mí.
Según la lista, el autocuidado no es un premio extra, sino una habilidad básica para la vida. Si no aprendemos a ponernos en el centro, tarde o temprano nos desmoronamos: nos volvemos dispersos, agotados e insatisfechos. Por eso, el autocuidado no es egoísmo, sino la base para estar presentes, con nosotros mismos y con los demás.

3. ¿Descansas cuando estás cansado?
Sí, ahora sé y me permito descansar cuando estoy cansada. A veces durante el día, a veces en momentos inesperados —el teletrabajo me da esa libertad, y se lo agradezco cada día. Pero lo más importante es que sé: no hay medalla por agotarse. Aunque la culpa a veces me visite, reconozco que descansar es una forma de pensar a largo plazo.
La autora enfatiza que estar siempre ocupados no es un mérito, y el estrés no mide tu rendimiento. Si sobrepasas tus límites, es camino seguro al agotamiento. Descansar, en cambio, es respetar las señales de tu cuerpo y mente.
4. ¿Tienes un amigo verdadero?
La lista también pregunta si tienes al menos un amigo muy cercano. No hace falta que sean muchos: uno solo basta. Aquí no solo marqué, sino que sonreí. Tengo varios amigos, pero hay una relación que ocupa un lugar especial en mi vida. Es profunda, sincera y transmite una fuerza tranquila —una confianza incondicional.
En una época de conexiones superficiales, una amistad cercana es rara y valiosa. De ahí salen recursos emocionales y mentales que sostienen nuestro bienestar y estabilidad interior a largo plazo.
5. ¿Fijas metas regularmente?
La autora dice que fijar metas no siempre implica grandes cambios, sino mantener conexión con tu yo futuro. Las metas pequeñas y cotidianas también ayudan a no solo reaccionar, sino a moldear activamente tu vida.
En lo personal y familiar trabajamos constantemente en nuestras metas, pero para mí no es una presión, sino una brújula. Además, no todas las metas son revolucionarias: a veces son pequeños ajustes, como cambiar una cortina, cuidar un jardín o planear una salida de fin de semana. ¡Pero también avanzan!
6. ¿Te permites a veces un lujo?
Este punto recuerda que permitirse alegría es parte del bienestar. Los pequeños premios no son irresponsabilidad, sino autoestima. Cuando te das un gusto, dices: “soy importante y merezco cuidado”.
Para mí no son cosas grandes, sino elecciones conscientes y pequeñas: un buen café, un libro fascinante, un viaje o una tarde libre. Son lujos que van hacia adentro, y por eso se sienten tan bien.

7. ¿Te atreves a pedir ayuda?
Hubo un tiempo en que esto faltaba en mi lista, pero ya no. Pido ayuda a mi familia, amigos, profesionales y al papá de mi hija sin problema. No porque no pueda resolver cosas, sino porque aprendí que no tengo que hacerlo todo sola.
La autora dice que pedir ayuda es una de las formas más poderosas de vulnerabilidad y confianza.
Creer que todo hay que hacerlo solo aísla más que fortalecer. Cuando pides ayuda, en realidad te conectas —y emocionalmente es un recurso enorme.
8. ¿Das espacio a todas tus emociones?
Con las emociones fui más cautelosa al marcar, porque suelo desconectarme rápido de las más difíciles, seguir adelante y fingir que no existen. Pero ya lo noto y trabajo en ello. Quizá ese sea el paso más importante.
La autora enfatiza que reprimir emociones consume mucha energía. Si podemos observar sin juzgar lo que sentimos, vemos más claro qué necesitamos realmente. La conciencia emocional no es sensibilidad, sino parte de la estabilidad interior.
9. ¿Tienes un hobby?
En cuanto a hobbies, fue fácil marcar. Me gusta estar en el jardín, caminar por el bosque, recoger setas, cocinar y viajar. Son actividades donde no tengo que demostrar nada, solo estar presente.
El sentido de la vida rara vez viene del trabajo, sino de lo que hacemos fuera de él. El hobby no es una herramienta de productividad, sino una fuente de alegría, y dedicar tiempo a actividades sin “resultado” muestra que entiendes la esencia de la felicidad.
10. ¿Disfrutas estar solo?
Me gusta y necesito estar sola. No para huir de nada —esa es una diferencia importante— sino porque me recarga. Para mí, la soledad no es vacío, sino espacio: para pensamientos, emociones e ideas nuevas. En esos momentos no soy menos, sino más ordenada.
La lista dice que amar la soledad es señal de que no construyes tu autoestima con validaciones externas. Una buena relación contigo mismo es la base de todas las demás, y quien puede estar bien solo no huye del silencio, sino que lo usa.
+1. ¿Puedes reconocer tus errores?
¿Puedo reconocer mis errores? Creo que sí. ¿Todos? Probablemente no. Pero cada vez entiendo más que el perfeccionismo no es crecimiento, sino una armadura pesada que no protege de lo que temo. Aceptar los errores, en cambio, nos hace más libres y valientes.
Perseguir la perfección no es crecer, sino evitar la vergüenza. Es una armadura que parece proteger, pero en realidad paraliza. Aceptar los errores no es rendirse, sino reconocer que la imperfección es parte de ser humano.
Al terminar la lista, no pensé en lo que me falta, sino en todo lo que ya está donde debe estar. No perfecto, pero lo suficientemente sólido para darme cuenta de que hago muchas más cosas bien de lo que creía. Y quizá ese sea el reconocimiento más difícil de marcar —pero también uno de los más importantes.











