La recuperación es aburrida y por eso funciona: limpiador suave, una crema con ingredientes reparadores como ceramidas, glicerina o pantenol, protección solar y nada más. Sin ácidos, sin retinol, sin mascarillas detox. Cuando la piel deje de quejarse al tacto, vuelve a introducir un solo producto cada vez, con una semana de margen entre uno y otro.
¿Cada cuánto hay que exfoliar la cara en invierno?
Como regla práctica, una vez por semana si tu piel es seca o reactiva y dos como máximo si es grasa y la tolera bien. El indicador fiable no es el calendario sino la piel al día siguiente: si amanece suave, cómoda y sin ardor al hidratarte, la frecuencia es correcta; si hay tirantez o rojez persistente, espacia hasta que desaparezca.
¿Se puede exfoliar si tengo rojeces o piel sensible?
Sí, pero con mucha moderación y descartando lo mecánico. Suelen tolerarse mejor las enzimas o un ácido láctico en concentración baja, aplicado poco tiempo y nunca sobre piel con heridas, eccema activo o quemaduras solares. Si tienes rosácea, dermatitis o un diagnóstico dermatológico previo, consúltalo con tu dermatólogo antes de incorporar cualquier exfoliante: en esas pieles la frontera entre mejorar y empeorar es muy fina.










