Las tres preguntas que destraban casi todo
Coge una pieza y hazte estas tres preguntas en este orden. Primera: ¿lo he usado en el último año? Si la respuesta es no, pasa a la segunda: si mañana lo necesitara, ¿podría conseguirlo fácilmente, pedirlo prestado o sustituirlo sin que me arruine el día? Y tercera: cuando lo miro, ¿siento alivio o siento peso? Lo útil de este orden es que la primera pregunta resuelve los objetos neutros en dos segundos, y deja tiempo real para los pocos que sí tienen carga emocional.
Con los sentimentales, cambia la regla: no se trata de cantidad, sino de visibilidad. Un objeto que guardas en una caja que nunca abres no te está acompañando. Elige dos o tres piezas de cada etapa, dales un sitio donde las veas, fotografía el resto si te ayuda y suéltalo. Tener menos recuerdos pero mirados vale más que un trastero entero sin abrir.
La caja de cuarentena, para las dudas de verdad
Para todo lo que te deja con dudas legítimas, existe un sistema que evita la decisión heroica: una caja cerrada con una fecha escrita encima, dentro de seis meses. Metes ahí lo que no sabes si se queda, la guardas donde no moleste y sigues con tu vida. Si en esos meses necesitas algo, lo sacas y vuelve a casa, ya sin dudas. Si al llegar la fecha no has abierto la caja ni recuerdas qué había dentro, tienes la respuesta y puedes donarla o reciclarla sin abrirla.






