Algunas reglas concretas ahorran mucha discusión interna. Cables: quédate con los que puedas emparejar hoy con un aparato que esté en casa y funcione. Tuppers: tantos como tapas que cierren. Ropa de otra talla: una o dos prendas que ames de verdad, no el armario entero. Papeles: separa lo que tiene valor legal o fiscal de lo que es puro miedo a tirar; lo segundo se escanea o se va. Y los regalos: el afecto ya se recibió el día que te lo dieron, el objeto no es un contrato vitalicio.
¿Cuánto tiempo hay que guardar algo antes de deshacerse de ello?
Para los objetos cotidianos, un año de uso real es un buen listón: si has pasado las cuatro estaciones sin cogerlo, difícilmente lo cogerás la quinta. Para las dudas sinceras, la caja de cuarentena de seis meses funciona mejor que cualquier norma rígida, porque convierte un sí o un no definitivo en un experimento que puedes comprobar.
¿Y si tiro algo y después resulta que lo necesitaba?
Pasará alguna vez, y lo normal es que la solución sea pequeña: pedirlo prestado, comprar uno sencillo o arreglártelo de otra manera. Lo que conviene mirar es el balance completo, no el caso suelto: si para evitar dos contratiempos al año mantienes una casa llena de cosas que te pesan, la cuenta no sale. Y si desprenderte de objetos te genera una angustia intensa, o la acumulación empieza a limitar cómo vives en tu propia casa, merece la pena hablarlo con un profesional, sin dramatizarlo y sin dejarlo pasar.










