Durante mucho tiempo pensamos que las conchas, los materiales naturales y las paredes en tono arena solo quedaban bien si desde la ventana se veía realmente el mar. Pero algo ha cambiado. Cada vez aparece en más casas esta estética, desde pisos de las afueras hasta apartamentos del centro, y lo sorprendente es que funciona en todas partes.
No resulta nada hortera ni forzado. Al contrario: tiene una especie de elegancia tranquila que no intenta demostrar nada. Y lo mejor es que no necesitas una casa junto a la playa ni un gran presupuesto, así que tú también puedes conseguirlo cuando quieras.
¿Qué es exactamente esta estética?
Es la combinación de materiales naturales, tonos apagados y formas orgánicas. La clave está en crear un espacio en el que sientas que alguien vive de verdad ahí y se encuentra a gusto. Sin decoración de más, sin agobios: solo texturas naturales, colores suaves y esa sensación de amplitud difícil de explicar, pero que se nota al instante.
Olvídate de todo lo que sea demasiado blanco o demasiado azul. Esta paleta va más bien de arena, crudo, gris suave, blanco roto y turquesa desgastado. Son esos tonos que el sol y la sal habrían ido "destiñendo" con los años, solo que aquí es totalmente intencionado.
Si no te apetece pintar las paredes, basta con elegir los textiles —fundas de cojín, cortinas, mantas— en esta gama de colores. El efecto se aprecia enseguida.
Los materiales lo son todo
Este es el punto donde más puedes conseguir con una inversión mínima. Los materiales naturales —lino, yute, ratán, madera sin tratar, piedra, terracota— son los que crean de verdad esta estética.
Una alfombra de yute en el salón. Un cesto de ratán en el baño. Un tablón de madera natural a modo de estante. Fundas de cojín de lino. Por separado son pequeñas decisiones, pero juntas transforman por completo el ambiente de una habitación.
Los complementos de plástico son el gran enemigo de este estilo. No porque las cosas tengan que ser caras, sino porque lo que importa es el material en sí, no su precio.
El papel de las plantas
En este estilo siempre hay algo vivo. No hace falta que sea mucho, pero sí algo. Una planta de interior de hojas grandes en un rincón. Un pequeño cactus en el alféizar. Hierba de la pampa seca en un jarrón sencillo.
Las flores y hierbas secas encajan especialmente bien en esta estética, porque tienen una belleza atemporal, ligeramente desgastada, que combina a la perfección con el resto de los elementos.
Los detalles que lo unen todo
Conchas, sí, pero con mesura. Una o dos piezas como decoración, no una colección entera. Colócalas, por ejemplo, alrededor de unas velas dentro de una bandeja: transformarás tu mesa en algo único al instante. Son detalles que no gritan, simplemente están ahí, en silencio.
El conjunto queda armonioso porque todas las piezas transmiten la misma energía. Y si además recogiste esas conchas durante tus vacaciones, aparte de decorar te traerán recuerdos entrañables cada vez que las mires.
¿Por qué funciona también en un piso de ciudad?
Porque en realidad no va del mar. Va de la sensación que nos da el mar: el aire, la calma, la desconexión. Una alfombra bien elegida, unas cuantas texturas naturales y la luz adecuada pueden recrear exactamente esa sensación también en un apartamento en pleno centro de la ciudad.
No hace falta hacerlo todo de golpe. Basta con una habitación, un rincón, un estante. Este estilo es más bonito cuanto más natural es su evolución.
¿Necesito vivir cerca del mar para lograr este estilo?
No. Esta estética no depende de tener vistas al mar, sino de recrear la sensación de calma y amplitud que transmite. Funciona igual de bien en un piso de ciudad.
¿Qué colores definen la decoración costera?
Tonos apagados como el arena, el crudo, el gris suave, el blanco roto y el turquesa desgastado. Se trata de una paleta que parece "destiñada" por el sol y la sal, pero de forma totalmente intencionada.
¿Qué materiales son los más importantes?
Los naturales: lino, yute, ratán, madera sin tratar, piedra y terracota. Son los que crean de verdad este ambiente, mientras que los complementos de plástico son el gran enemigo del estilo.
¿Puedo empezar sin gastar mucho?
Sí, es uno de sus grandes atractivos. Basta con cambiar los textiles a la gama de colores adecuada o añadir unas pocas piezas de materiales naturales. No hace falta hacerlo todo de golpe: un rincón o un estante ya marcan la diferencia.











