En casa el aire acondicionado funciona como los abrigos: se usa de golpe, se olvida de golpe. Un día dejas de encenderlo porque ya no hace falta y ahí se queda, con el polvo de tres meses dentro, hasta que en junio lo pones en marcha y la habitación huele a armario cerrado. Ese olor no sale del aparato por casualidad: casi siempre está en los filtros. Y limpiarlos ahora, con calma, cuesta menos que hacerlo con cuarenta grados y prisa.
Por qué el filtro es la pieza que más se ensucia
El filtro es una rejilla de plástico con malla fina que retiene polvo, pelusa, pelo de mascota y partículas de cocina antes de que pasen al interior del equipo. Es decir: hace su trabajo ensuciándose. Cuando la malla se tapa, el aire pasa con dificultad, el aparato trabaja más para dar el mismo frío y la humedad se queda pegada donde no debe. De ahí vienen tres cosas que todas conocemos: menos potencia, más ruido y ese olor a cerrado los primeros minutos.
La buena noticia es que en la mayoría de los split domésticos los filtros son lavables y accesibles sin herramientas. Se abre la tapa frontal, se levanta un poco y salen deslizándose hacia abajo. Antes de tocar nada, desenchufa el aparato o baja el interruptor del cuadro: no es una recomendación decorativa, es lo primero.
El orden que funciona, paso a paso
Primero, protege el suelo. Pon una toalla vieja o papel debajo de la unidad, porque al abrir cae polvo suelto. Saca los filtros con las dos manos y, sin sacudirlos en el salón, llévalos al baño o a la terraza.
Segundo, aspira en seco. Con el cepillo del aspirador, pasa por la cara que estaba mirando hacia la habitación, que es donde se acumula la pelusa. Este paso parece opcional y no lo es: si mojas un filtro lleno de polvo seco, se convierte en barro y se mete entre las fibras.
Tercero, lava con agua tibia y una gota de jabón de platos. Agua tibia, no caliente: el plástico de la malla se deforma con facilidad y después no encaja. Ayúdate de un cepillo blando, del tipo de los de uñas, y frota siempre en el sentido de la malla, sin insistir en un punto. Enjuaga a chorro suave por el lado contrario al que entraba el aire, para empujar la suciedad hacia fuera.
Cuarto, y aquí está el error más común: secado completo. Deja los filtros a la sombra, de pie, apoyados en una toalla, hasta que no quede ni una gota. Ni secador, ni radiador, ni sol directo de mediodía. Montar un filtro húmedo es la manera más rápida de generar olor dentro del equipo.
Mientras esperas, aprovecha para pasar un paño apenas humedecido por la carcasa y por las lamas de salida del aire, una a una. Si ves que el interior tiene aletas metálicas muy sucias, polvo negro adherido o notas olor persistente incluso con los filtros limpios, ahí ya no entres: esa parte y el circuito de desagüe los revisa un técnico, y hacerlo en temporada baja suele ser más fácil de encajar en la agenda.
Cerrar la temporada, no solo limpiar
Cuando los filtros estén secos y colocados en su sitio, con la tapa bien encajada, queda un gesto que casi nadie hace y que marca la diferencia. Enciende el aparato un rato en modo ventilador o en la función de secado que traiga, para que el interior pierda la humedad que haya quedado. Después apágalo, quita las pilas del mando y guárdalo en un cajón concreto, no en el que acaba todo. Si la unidad exterior está en una terraza abierta, retira hojas secas y macetas apoyadas para que el aire circule; taparla con plásticos que no transpiran suele hacer más mal que bien.
A mí me funciona anotarlo en el móvil como tarea anual de mediados de septiembre, junto con el cambio de armario. Veinte minutos, dos filtros, y el próximo primer día de calor no empieza con una discusión sobre por qué esto huele raro.
¿Cada cuánto hay que limpiar los filtros del aire acondicionado?
En temporada de uso intenso, lo razonable es revisarlos cada dos o tres semanas y lavarlos al menos una vez al mes; si hay mascotas, obras cerca o mucho polen, más a menudo. Fuera de temporada basta con dos momentos clave: una limpieza al guardar el aparato y un repaso rápido antes de volver a encenderlo, porque en meses de reposo también se deposita polvo.
¿Se pueden lavar los filtros en el lavavajillas?
Mejor no. Las temperaturas y la presión del lavavajillas deforman la malla y el marco de plástico, y un filtro deformado deja huecos por los que el polvo entra directamente al equipo. Agua tibia, jabón suave, cepillo blando y secado al aire hacen el mismo trabajo sin arriesgar la pieza.











