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«Me exigí demasiado, apreté los dientes y aguanté: hoy lo veo de otra manera»

Nyul Debóra3 min de lectura
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«Me exigí demasiado, apreté los dientes y aguanté: hoy lo veo de otra manera» — Salud
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“Descansaré cuando haya pasado esto.” ¿Te suena? A mí sí. Pero el descanso siempre se posponía… o simplemente no llegaba.

Durante mucho tiempo creí que trabajar sin parar, dar el 110% y desafiar mis límites era la forma de avanzar. Siempre aprendía algo, trabajaba, planificaba y me preparaba, sintiendo que así me convertiría en alguien. Así progresaría. Así llegaría a donde quería.

Nunca tomé mi trabajo a la ligera. Era y sigue siendo importante para mí hacerlo con responsabilidad, precisión y confiabilidad. Pero no me di cuenta de que lo que empezaba a agotarse era otra cosa: yo misma.

Durante mucho tiempo, “fuerza” significaba aguantar

Muchas veces repetía esta frase interior: “Ahora hay que aguantar, apretar los dientes, no parar aún — luego descansaré.”

Pero ese “luego” casi nunca llegaba. Y cuando llegaba, casi siempre enfermaba justo al comenzar mis días libres. Lo viví más de una vez. Al principio pensé que era casualidad, pero con el tiempo entendí que mi cuerpo simplemente esperaba a que le permitiera detenerse. No por voluntad propia, sino porque ya no tenía otra opción.

Hoy sé que descansar es fundamental

Creía que sacrificar sueño, tiempo libre y fines de semana por trabajo y progreso se compensaría a largo plazo. Pero no fue así. Más bien, me pasó factura. Aprendí que el agotamiento no me hace más eficiente, sino todo lo contrario.

Ahora planifico mi tiempo de otra forma. Sí, el trabajo sigue siendo importante para mí. Sí, me gusta crecer. Me esfuerzo por ser puntual y responsable. Pero aprendí a escucharme. A reconocer mis límites. A saber cuándo decir que no y, sobre todo, cuándo es momento de parar.

Una mujer joven y atractiva está en casa, sentada en una silla en la sala leyendo un libro.

No siempre hay que “merecer mucho” el descanso

Creo que muchos sentimos que solo podemos descansar si hemos logrado algo grande. Como si el descanso fuera un premio y no una necesidad básica y natural. Pero pensemos: idealmente, cargamos el teléfono antes de que se apague. ¿Por qué esperar a que realmente nos agotemos para desconectar?

La gran lección para mí es que el equilibrio no es un lujo espiritual, sino una estrategia para sobrevivir. Si queremos estar bien a largo plazo —física, mental y profesionalmente—, debemos darle espacio a la recuperación. Y no siempre hay que pensar en días o semanas: a veces bastan 10 minutos al día. Un descanso. Una caminata. Una respiración profunda.

No es debilidad cuidarte

Durante mucho tiempo pensé que fuerza era aguantar siempre. Ahora creo que fuerza es saber parar a tiempo. Decir que no. Administrar mi energía y no querer resolverlo todo de golpe.

Claro que no soy perfecta en esto. A veces todavía me paso, me exijo demasiado, o me doy cuenta tarde de que estoy cansada. Pero ahora presto más atención. Reconozco las señales y, lo más importante, las tomo en serio.

Si lo que sientes te suena, no estás sola

Comparto esto porque sé que no soy la única que se siente así. Muchos nos exigimos en nombre del rendimiento, la conformidad y el progreso, y poco a poco perdemos el contacto con nosotros mismos, hasta que ya no sabemos quiénes somos realmente.

Si últimamente te sientes más cansada de lo normal, si sientes que siempre tienes que “aguantar un poco más”, te aconsejo que escuches las señales de tu cuerpo. Y si te pide parar, no le digas que no. Mejor planifica pausas conscientes, descansos y actividades que realmente te desconecten, antes de que el agotamiento te alcance.

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