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«Me gustaba más el pelo largo» - Queridos hombres, nadie quiere opiniones no solicitadas

Schuster Borka3 min de lectura
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«Me gustaba más el pelo largo» - Queridos hombres, nadie quiere opiniones no solicitadas — Estilo de vida

Hace poco me corté el pelo. No fue un cambio dramático, no me rapé la cabeza, simplemente está más corto. Honestamente, no lo consideré un gran evento ni hice un anuncio llamativo, pero cuando subí una foto a mi Instagram, ya se notaba el cambio. Y ahí supe que algunos creían que debería haberles preguntado antes de decidirme. O al menos eso piensan, creo.

Recibí mensajes de muchos hombres, sorprendentemente. A menudo, con un tono amable y amistoso (aunque no nos conozcamos), me decían: “me gustaba más el pelo largo”.

Para que quede claro: tienen todo el derecho a pensar eso. De verdad. Las preferencias estéticas no son un pecado. Se puede amar el pelo largo, el corto, el azul o el rosa. Pueden tener opiniones.

El problema no es la opinión, sino esa fuerte necesidad interna de hacerme llegar esa opinión a toda costa.

Que alguien sienta que su opinión sobre mi pelo – o cualquier otra decisión sobre mi cuerpo – es tan importante que yo deba saberlo, simplemente me resulta imposible de procesar.

Joven chico usando el móvil

¿Y qué se supone que haga con esta información?

¿Debería dejarme crecer el pelo otra vez para que un desconocido se sienta mejor? ¿Responderles agradeciendo la investigación de mercado? ¿Archivar esos mensajes en la carpeta “opiniones masculinas sobre mi pelo 2026”?

Queridos hombres, no sabemos qué hacer con esta información. De verdad que no. Nuestras decisiones sobre nuestro cuerpo no dependen de las preferencias aleatorias de hombres en internet. Y cuando envían esos mensajes, consciente o inconscientemente, sugieren que su opinión importa. Que tienen derecho a opinar.

Eso es lo que molesta. No que exista un gusto. Sino la suposición tácita de que ese gusto es relevante para mi vida. Que mi pelo no es solo mío, sino un proyecto estético público que merece comentarios.

Y sí, sé que internet es así. Quien publica en público debe esperar reacciones. Pero hay diferencia entre que alguien diga: “te queda bien” y “me gustabas más antes”. Lo primero habla de mí. Lo segundo, de ustedes.

Hombre con iPhone en la mano

Las opiniones no solicitadas tienen un sabor particular. Hay una jerarquía silenciosa: como si fuera natural que la apariencia de una mujer sea asunto público. Como si fuera normal que su cuerpo pueda ser evaluado, comentado y moldeado.

Queridos hombres, si no preguntamos no es porque olvidemos incluirlos en la decisión. Es porque no es relevante para la decisión. No influye en cómo cortamos nuestro pelo, qué ropa usamos o si nos maquillamos o no. Y siendo honestos, cuando comparten opiniones no solicitadas no inspiran, no ayudan ni construyen. Más bien transmiten que creen tener derecho a opinar.

Si alguna vez queremos saber, preguntaremos. Y prometo que escucharemos con interés y mente abierta. Pero mientras tanto, vale la pena pensar que no toda idea necesita ser publicada. No toda preferencia es un dato público. Y si me preguntaran, les diría que a veces valoramos más el silencio.

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