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3 pequeñas cosas que convierten un día gris en algo especial

Schuster Borka4 min de lectura
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3 pequeñas cosas que convierten un día gris en algo especial — Estilo de vida
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Artículo de opinión: Bárbara López

Me considero una persona optimista y con energía, pero incluso a mí me pasa: de repente me encuentro atrapada en un bucle mental, haciendo lo mismo una y otra vez, sin sentir que el día tiene nada especial que ofrecerme.

Durante mucho tiempo creí que para cambiar ese estado de ánimo hacía falta algo grande. Un viaje, un día libre, algún giro importante en la rutina. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que son las cosas más pequeñas las que realmente mueven el ánimo. Detalles que desde fuera pueden parecer insignificantes, pero que por dentro te dicen algo muy importante: no estás simplemente sobreviviendo el día.

Y a veces, con eso es suficiente.

Un plan inesperado con mi hija

Una de las mejores cosas que puedo hacer cuando me siento en modo automático es romper un poco la rutina con mi hija. No hace falta que sea nada elaborado; de hecho, lo mejor suele ser que sea completamente espontáneo.

A veces, al salir del colegio, no volvemos directamente a casa sino que nos metemos en el cine. Otras veces visitamos ese museo del que llevamos meses hablando. Y en ocasiones simplemente elegimos un camino más largo para volver a casa o buscamos un parque que todavía no conocemos.

Lo importante no es la actividad en sí, sino la sensación que genera. Esa complicidad de saber que hoy hemos salido un momento del guion. Que no estamos yendo de una obligación a la siguiente, sino que estamos haciendo algo únicamente porque nos apetece.

Me encanta ese momento en que las dos sabemos: esto no forma parte de la rutina de hoy. Y curiosamente, muchas veces son esos pequeños desvíos los que se convierten en los recuerdos más bonitos que compartimos.

Esa ropa que nunca me atrevo a ponerme

Estoy convencida de que no soy la única que tiene en el armario prendas que, por algún motivo, nunca ha estrenado. Quizás las veía demasiado llamativas, demasiado coloridas, demasiado atrevidas para un día cualquiera. O simplemente me decía a mí misma que las guardaría para una ocasión especial.

El problema es que esa ocasión especial rara vez llega sola.

Cuando necesito un pequeño empujón de ánimo, a veces saco a propósito alguna pieza que me hace sentir un poco más interesante. No se trata de ir al mercado con un vestido de noche, sino de jugar un poco con lo que tengo. Un labial de color intenso, un jersey de neón, unos pendientes especiales o una falda que antes me parecía demasiado atrevida para un martes. Con eso basta para creerme que hoy es un día distinto.

No porque mi vida cambie de repente, sino porque me saca de esa sensación de que todos los días son exactamente iguales. A veces un pequeño cambio visual es suficiente para salir de casa con otra energía.

Un pequeño lujo que no tengo que "ganarme"

Como mucha gente, yo también tiendo a condicionar las cosas buenas a un rendimiento previo. Descanso cuando termino el trabajo. Me compro algo cuando he sido productiva. Me permito parar cuando ya estoy completamente agotada.

Últimamente estoy intentando cambiar ese patrón.

A veces me doy un pequeño placer simplemente porque lo necesito, sin más justificación. Un café mejor de camino al trabajo, un trozo de tarta un miércoles completamente normal, flores frescas en la mesa, un baño largo por la noche. Cosas que antes habría descartado por considerarlas un capricho innecesario.

Pero no lo son.

Las ganas de vivir no siempre llegan con los grandes cambios. Más bien vienen de esos momentos en los que nos permitimos disfrutar sin tener que hacer méritos antes. Darte permiso para el placer, sin condiciones, es en sí mismo un acto de cuidado hacia una misma.

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