El sistema que evita que caduquen cosas al fondo
Reserva una esquina de la balda superior como "zona de comer pronto" y coloca ahí todo lo que vence en los próximos dos o tres días: medio pimiento, el resto del pollo asado, la nata abierta. Es tu primera mirada cuando piensas en la cena y es, de lejos, lo que más desperdicio evita.
Usa recipientes transparentes y bajos, que permiten ver el contenido sin sacar nada, y agrupa por categorías en lugar de por tamaño: desayuno, untables, táperes. Apunta la fecha de apertura en los botes con un rotulador o una pegatina; el cerebro no recuerda cuándo abriste la salsa de soja. Y no la llenes hasta arriba: el aire frío necesita circular, así que si todo está apretado, algunas zonas enfrían peor.
¿Dónde van los huevos si no es en la puerta?
En la balda central, dentro de su propia huevera de cartón y no en el hueco moldeado de la puerta, porque los cambios constantes de temperatura al abrir y cerrar les perjudican. El cartón además los protege de olores y de golpes, y conserva la información de la fecha de consumo preferente, que es justo lo que se pierde al trasvasarlos. Un apunte práctico: no los laves antes de guardarlos, porque la cáscara tiene una capa natural protectora.
¿Cada cuánto hay que limpiar la nevera a fondo?
Un repaso rápido semanal, coincidiendo con el día que haces la compra, basta para la mayoría de las casas: sacas lo que está pasado, pasas un paño con agua y un poco de vinagre o bicarbonato por las baldas y revisas la zona de comer pronto. Una limpieza a fondo, desmontando bandejas y cajones y secándolo todo bien, es razonable una vez cada dos o tres meses, o antes si ha habido un derrame. Aprovecha para comprobar que las gomas de la puerta cierran bien, porque una junta reseca hace que el motor trabaje de más y que el frío no se reparta como debería.











