Con los alimentos secos funciona muy bien pasar legumbres, pasta, arroz y harinas a botes de cristal de boca ancha, todos de la misma altura para poder apilarlos y ver el contenido de un vistazo. Se gana sitio frente a los paquetes abiertos y se acaba con el eterno «¿me quedaban garbanzos?». Y una vez por semana, dedica cinco minutos a devolver a su zona lo que se haya desplazado: una cocina pequeña se desordena rápido, pero también se recoloca en nada.
¿Por dónde empiezo si la cocina está desbordada?
Por sacar, no por comprar organizadores. Vacía un solo armario, pon todo sobre la mesa y separa en tres grupos: lo que usas, lo que no has tocado en un año y lo que está roto o duplicado. En casi todas las cocinas sobran táperes sin tapa, vasos de promoción y sartenes rayadas; retirarlos libera más espacio que cualquier accesorio. Luego devuelve lo que se queda, ya repartido por zonas, y pasa al siguiente armario otro día.
¿Qué hago si solo tengo armarios y ningún cajón?
Convierte los estantes en cajones con cestas o bandejas bajas que puedas sacar enteras, agrupadas por uso: una de desayuno, una de horneado, una de conservas. Así no tienes que vaciar medio armario para alcanzar lo del fondo, y devolver las cosas a su sitio es un solo gesto. Para las sartenes, un escurreplatos vertical colocado en el estante las mantiene de canto y a la vista, que es la forma más eficiente de guardarlas cuando el espacio manda.











