Tengo la teoría de que España se disfruta mejor en otoño que en agosto, y cada año me la confirman las mismas cosas: las carreteras vacías, los restaurantes con mesa libre, la luz baja de las cinco de la tarde y esa temperatura que te deja caminar horas sin sufrir. Además, muchos de los planes más bonitos del calendario duran solo unas semanas y no admiten aplazamiento: cuando terminan, terminan. Estos son los diez que yo pondría en una lista de hacer una vez en la vida, con la idea de elegir uno, no diez.
Los que huelen a mosto, a humo y a tierra mojada
El primero es la vendimia. Da igual la zona, hay viñedo en casi toda la península, y bastantes bodegas abren sus puertas en esas semanas para enseñar el proceso y dejarte probar el mosto recién sacado. No hace falta ser entendida en vinos: lo que se te queda es el olor del lagar y el color de la hoja de la vid al empezar a girar.
El segundo es una fiesta de la castaña. En el noroeste y en muchas zonas de montaña se celebran reuniones populares en torno al fuego, las castañas asadas y el vino nuevo. Es un plan de tarde, barato, con música, gente mayor bailando y niños corriendo, y una de las formas más honestas de entender cómo se celebra el final de la cosecha.
El tercero es salir a setas con alguien que sepa. Aquí insisto: con alguien que sepa. Hay empresas y asociaciones que organizan jornadas guiadas de recolección en temporada, y la diferencia entre volver con una cesta y volver con un problema está justamente en ir acompañada de quien identifica cada especie sobre el terreno. Después, la tortilla o el arroz con lo recogido es el mejor final posible.
El cuarto es un mercado de otoño de pueblo, de los que se montan en la plaza con calabazas, miel, quesos y nueces. Llegar temprano, desayunar allí y comprar para la semana.
Los que se caminan
El quinto es un hayedo en el momento exacto en que cambia de color. Hay bosques así en el norte y en varias sierras del interior, y la ventana buena es corta: unos días de ocre encendido antes de que el viento lo tire todo al suelo. Merece la pena madrugar, ir con calzado impermeable y aceptar que puede llover.
El sexto es caminar una etapa del Camino de Santiago sin hacer el Camino entero. Una jornada, veinte kilómetros como mucho, autobús o taxi de vuelta. Es una manera de probar esa sensación de caminar con un objetivo sencillo, sin comprometer dos semanas de vacaciones.
El séptimo es ver el mar fuera de temporada. Una playa del sur o del Cantábrico en octubre, con chubasquero, el chiringuito medio cerrado y la arena entera para ti. Si solo conoces la costa en verano, no conoces la costa.
El octavo es una noche de estrellas. En otoño oscurece pronto y el cielo del interior, lejos de las ciudades, se ve de una forma que sorprende incluso a quien no sabe nada de constelaciones. Basta una manta, una terraza rural y paciencia para que los ojos se acostumbren.
Los que se comen y se beben despacio
El noveno es sentarse a una mesa de temporada sin prisa: guiso de cuchara, caza si te gusta, verduras de otoño, postre de manzana o de calabaza. Pedir el menú del día en un sitio de pueblo, un martes, y comer mirando por la ventana. Si el viaje se te queda corto de presupuesto, este plan lo salva casi solo.
Y el décimo es un baño de agua caliente al aire libre con frío alrededor. Termas, balnearios, pozas naturales donde estén permitidas: la combinación de vapor y aire fresco es una de las sensaciones más reparadoras que conozco, y en otoño alcanza su mejor momento porque el contraste es justo el que hace falta.
¿Cuál es el mejor mes para viajar por España en otoño?
Depende de qué busques: para vendimia y mar templado, las primeras semanas de septiembre y octubre; para color de bosque, castañas y setas, de mediados de octubre a mediados de noviembre según la altitud y cómo haya venido el año. La regla práctica es reservar con margen y consultar la previsión pocos días antes, porque en otoño una semana adelanta o retrasa el paisaje entero.
¿Cómo organizo una escapada de otoño con poco presupuesto?
Viaja de domingo a martes, cuando el alojamiento rural suele estar más tranquilo, y elige un destino a menos de dos horas de casa para ahorrar en transporte y ganar tiempo. Come una vez bien y resuelve el resto con producto de mercado local, que en esta temporada es excelente y cuesta poco; casi todos los planes de esta lista son gratis o casi.











