Dónde va y dónde no
La mascarilla es para el cabello, no para el cuero cabelludo. Aplicarla desde la raíz apelmaza, engrasa antes y da esa sensación de pelo sin cuerpo que luego atribuimos al producto «que no me va». La regla sencilla: de la altura de las orejas hacia abajo, y en las puntas siempre el doble de cantidad que en los medios.
La cantidad también importa, y en la dirección contraria a la que solemos creer. Más producto no equivale a más nutrición; equivale a residuo. Una nuez para melena corta, dos para media melena, tres para pelo largo y denso, repartidas por secciones, suelen ser suficientes. Si al secar notas el pelo pesado y sin movimiento, no es que necesites más tratamiento: probablemente estés acumulando.
Elegir según lo que le falta, no según lo que promete el bote
Hay dos grandes familias y conviene distinguirlas. Las mascarillas de hidratación y nutrición, con aceites, mantecas o humectantes, están pensadas para un pelo seco, áspero y que se encrespa; aportan suavidad y flexibilidad. Las de reparación con proteínas trabajan sobre un cabello poroso, decolorado o que se rompe, devolviendo estructura. Usar solo proteínas en un pelo que lo que tiene es sed acaba dando una melena rígida y quebradiza; usar solo aceites en un pelo muy dañado da suavidad momentánea sin aguante.






