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“Me amaré cuando…” - El amor propio es en realidad una práctica diaria

Schuster Borka3 min de lectura
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“Me amaré cuando…” - El amor propio es en realidad una práctica diaria — Estilo de vida

El amor propio se ha convertido en una palabra casi mágica. Está en todas partes: en internet, en citas inspiradoras y en libros de autoayuda: “Ámate a ti mismo”, “Acéptate y el mundo también lo hará”, “Siéntete orgulloso de quién eres” – lo escuchamos por todos lados. Y aunque estas frases suenan tranquilizadoras al principio, cada vez siento más que algo se ha desviado. Que hablamos del amor hacia nosotros mismos como si fuera una meta que se puede alcanzar y, a partir de ahí, todo estará bien.

Pero la autoaceptación no es una cima que escalamos para luego relajarnos y vivir en paz para siempre. Es mucho más una práctica diaria. Un proceso que hay que empezar de nuevo una y otra vez.

Muchos pensamos que nos amaremos “cuando”. Cuando bajemos de peso. Cuando hagamos ejercicio regularmente. Cuando finalmente comamos saludablemente. Cuando consigamos ese ascenso. Cuando alcancemos la meta propuesta, cuando hagamos realidad la casa soñada. Hasta entonces, somos personas “a medio hacer” que no tienen derecho a estar satisfechas.

Pero la realidad es que esa actitud es un ciclo sin fin. Siempre habrá una nueva meta, una nueva sensación de carencia, una nueva condición que nos haga pensar: cuando esto también pase, entonces me amaré. Y así nunca llegamos.

Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que amarme a mí misma no es un estado futuro, sino una decisión que hay que tomar cada día. Y no siempre se manifiesta en grandes gestos. Más bien en pequeños momentos cotidianos.

En no hablarme como no le hablaría a nadie más. En reconocer mis pequeños logros, no solo los grandes. En permitirme descansar aunque aún haya cosas por hacer. En no castigarme por saltarme un entrenamiento o por un mal día. Y en cuando cometo un error, no flagelarme, sino tratar de entender por qué pasó y cómo puedo aprender de ello.

Así como una relación de pareja requiere trabajo diario, el amor propio también necesita mantenimiento constante. No es una decisión única, sino una atención diaria. A veces se muestra en aceptar que hoy estoy cansado y no necesito rendir. Otras, en salir a correr porque sé que a largo plazo me hace bien. A veces el amor propio es disciplina, otras veces es permiso.

Mi mayor aprendizaje fue que el orden no es el que creía. No me amaré cuando tenga éxito, sino que podré tener éxito si ya me amo. Porque si soy importante para mí misma, empezaré a cuidar mejor mis necesidades. Prestaré atención a lo que como, cómo descanso, qué personas me rodean. Si me amo, no me guía la carencia, sino el cuidado. Y desde esa línea de salida es mucho más fácil construir cualquier cosa.

Claro que no siempre es fácil. A veces el amor propio no es un baño rosa con velas, sino ordenar papeles administrativos, pedir cita médica o limpiar la sala porque merezco un espacio limpio y ordenado. A veces el amor propio es cansado, incómodo o aburrido, pero eso no lo hace menos valioso.

Creo que la relación con nosotros mismos no es diferente a otras relaciones: hay que cuidarla constantemente. No siempre estaremos entusiasmados, no siempre irá bien, pero si perseveramos y volvemos a ella cada día, se hará más profunda y estable.

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