Un truco de entretiempo: perfumar ligeramente el interior de la bufanda o el forro de la chaqueta, nunca la prenda por fuera ni tejidos delicados como la seda clara, porque pueden mancharse. La fibra retiene el aroma durante horas y lo va soltando cuando te mueves. Y por favor, deja de frotar las muñecas una contra otra: rompe las notas de salida y acorta la vida del perfume.
¿Por qué mi perfume dura menos cuando llega el frío?
Porque la evaporación depende del calor de la piel y en otoño esa temperatura baja, sobre todo en manos y muñecas, que es donde solemos aplicarlo. Además, la piel deshidratada del final del verano retiene peor las moléculas aromáticas, así que la fragancia se disipa antes. Aplicar sobre piel hidratada, elegir puntos más templados del cuerpo y perfumar el forro de la ropa suelen resolver el problema sin subir la dosis.
¿Cuántos perfumes necesito realmente?
Con dos bien elegidos se cubre casi todo el año: uno fresco y luminoso para días de calor o mañanas de oficina, y otro más cálido para las tardes, el frío y los planes de noche. A partir de ahí, cualquier frasco extra es placer, no necesidad. Si estás pensando en comprar, prueba la fragancia sobre tu piel y espera unas horas antes de decidir: en el papel de la tienda casi todo huele bien, y es el fondo, no la salida, el que vas a llevar puesto el resto del día.











