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¿Prohibición o educación? En varios países excluyen a los adolescentes de las redes sociales

Szabó Erzsébet5 min de lectura
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¿Prohibición o educación? En varios países excluyen a los adolescentes de las redes sociales — Familia
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Cada vez somos más conscientes de que las redes sociales se han convertido en un espacio donde nuestros hijos están mucho más vulnerables de lo que imaginábamos. En Austria y Francia ya están excluyendo a los adolescentes de estas plataformas.

Por primera vez, no solo los padres preocupados lo decimos entre nosotros, sino que los gobiernos también reconocen que quizá no basta con educar y dejar todo en manos de los padres, sino que será necesario regular.

Cuando la prohibición deja de ser extrema

En los últimos meses han surgido decisiones y propuestas que limitarían claramente el uso de redes sociales para menores de 14 a 16 años. Algunos hablan de prohibición total, otros de controles de edad mucho más estrictos, y en otros casos, de devolver el control a los padres. El punto en común es que cada vez se acepta más que el sistema actual no protege lo suficiente a los niños.

Como madre, reconozco fácilmente este problema. Solo basta recordar cuántas discusiones hemos tenido sobre el tiempo frente a la pantalla, qué pueden o no ver, qué descargar o no. Y sé que detrás de esas discusiones no hay rebeldía, sino simplemente la realidad del mundo online.

Los responsables también señalan problemas claros: alteraciones del sueño, concentración disminuida, comparaciones que dañan la autoestima, acoso en línea, contenidos relacionados con sexualidad o autolesiones.

Estos problemas no son casos aislados, sino tendencias que se reflejan en las estadísticas.

En varios países se han iniciado demandas contra las plataformas porque las familias consideran que sus hijos han estado expuestos a contenidos que ponen en serio riesgo su salud física y mental. Y esto probablemente irá en aumento conforme la inteligencia artificial se integre más en la creación de contenido…

Dos hermanos adolescentes usando el móvil juntos en la habitación

La tecnología ya está lista, la pregunta es si queremos usarla

El verdadero debate no es si hay que limitar, sino cómo hacer cumplir esas limitaciones. Las soluciones técnicas existen: identificación digital, reconocimiento facial, análisis de comportamiento están disponibles para los estados. Algunos países quieren usarlas, pero también surgen serias preocupaciones sobre la privacidad. Como padres, entendemos bien esto: queremos proteger a nuestros hijos, pero no deseamos otro sistema que recopile datos sensibles antes de que sean adultos.

Esta dualidad está presente en nuestro día a día: queremos dar seguridad y libertad a mi hija para que experimente, entienda el sistema y sepa que confío en ella. Sería ideal poder relajarnos sabiendo que está a salvo, aunque sabemos que no es así.

Hoy, la libertad y autonomía tienen un precio demasiado alto: pagamos con la salud mental y la autoestima de nuestros hijos.

Detrás de los números hay niños

Cuando leemos que millones de niños entre 7 y 14 años usan plataformas para las que oficialmente son demasiado jóvenes, vale la pena detenerse. La imagen que tienen de sí mismos, su autoestima y sus relaciones se forman en este entorno digital. Y aunque como adultos también luchamos con la comparación constante y la sobrecarga de información, esperamos que ellos filtren todo con habilidad… Queremos que no se lo tomen a pecho, pero el cerebro adolescente aún no está preparado para eso.

No podemos decir que las redes sociales sean el enemigo, pues también nos informan sobre opiniones en la clase, la ciudad o el país. Pero está claro que estas plataformas tienen un peso demasiado grande en una etapa donde aún no hay protección interna.

Adolescentes en una biblioteca

¿Qué mensaje deja todo esto a los padres?

La palabra "prohibición" puede generar rechazo. ¿Cómo excluir completamente a un adolescente de un espacio donde sus pares están a diario? ¿No aumentará su curiosidad y habilidad para encontrar atajos? Estos temores son legítimos.

Pero las medidas actuales no dicen que los padres hemos fallado, sino que ya no podemos solos regular esto, especialmente porque las diferencias generacionales y la falta de información lo dificultan. Además, cuando el algoritmo de una industria multimillonaria compite con nuestras charlas nocturnas, no es una pelea justa. La regulación podría darnos un respiro, evitando que siempre tengamos que ser el "malo" que "prohíbe todo".

¿Prohibición o educación?

La pregunta del título es intencionalmente provocativa porque la respuesta no es blanco o negro. Solo prohibir no basta; sin explicación y confianza, solo genera resistencia. Y no seamos ingenuos: nuestros hijos encontrarán atajos, como nosotros en su momento. Pero la educación tampoco funciona sin límites y reglas, ni en la infancia ni menos con pre-adolescentes y adolescentes. Además, un niño de 13 o 14 años tiene un sistema nervioso en desarrollo, con poco control de impulsos y alta sensibilidad a las reacciones. No se puede compensar solo con "razones" parentales.

Los países que están actuando ahora buscan soluciones integrales: prohibición, herramientas para padres, educación digital, conciencia y responsabilidad de las plataformas.

Las leyes tardan en llegar, mientras los niños crecen. La prohibición por sí sola no es la solución; hemos visto ejemplos contrarios. Pero un marco regulatorio estatal puede ayudar a crear nuevas reglas, a confrontar argumentos, sin olvidar la educación y la responsabilidad parental. Recordando que debemos advertir a nuestros hijos que lo que ven en pantalla no siempre es real, que los "me gusta" no definen su valor y que a veces el silencio vale más que el ruido constante.

Que ahora se hable de esto a nivel nacional quizás significa que por fin tomamos en serio la importancia de cómo y en qué entorno crecen nuestros hijos.

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