Para mí, el abrazo no siempre fue una forma cómoda de conectar; de hecho, tuve que aprender a abrazar. Pero cuanto más me adentro en el autoconocimiento, más noto qué emociones despiertan en mí esos momentos. ¿Cuándo se enciende la ira o el miedo? Estas emociones son como luces internas que me muestran dónde aún tengo trabajo por hacer conmigo misma.
Hace poco abracé a mi papá
No nos vemos muy seguido, ni vivimos en el mismo país, así que ese abrazo fue un instante breve, de despedida. Pero de alguna manera no "regresó" tanto como yo puse. Podríamos decir que el proyecto quedó a medio camino. Antes, seguro me lo habría tomado como algo personal. Pensaría que hice algo mal, que no soy lo suficientemente querible o que simplemente le resulto molesta.
Hoy lo veo muy diferente. En lugar de dolor, sentí un reconocimiento: vi al niño que tal vez nunca fue realmente abrazado. Al hombre que viene de una familia donde no era natural mostrar afecto.
Casi fue una señal espiritual para mí que, pocos días después, viví algo muy parecido con mi madrina. Como si mi alma supiera que ese gesto lleno de amor también se quedaría a medio camino. Y entonces me pregunté: ¿de quién se trata realmente un abrazo no correspondido?
Aprender a abrazar
Un abrazo dice mucho no solo de nuestras relaciones, sino también de nosotros mismos. Cuánto podemos dar, cuánto podemos recibir, cuánta confianza tenemos y qué experiencias guardamos sobre la intimidad y expresar emociones.
Algunos recibieron y dieron abrazos desde niños de forma natural; para otros es un idioma desconocido. Un terreno incierto donde no saben cómo moverse, qué "se permite sentir" y cómo mantenerse seguros.
No es casualidad que los abrazos nos impacten tanto. Estudios científicos muestran que al abrazar a alguien, nuestro cuerpo libera hormonas como oxitocina, dopamina y endorfinas. Estas "moléculas del bienestar" no solo nos hacen más felices, sino que fortalecen nuestro sistema inmunológico, reducen el estrés y protegen el corazón. Un abrazo profundo y sincero es un verdadero remedio, tanto para quien lo recibe como para quien lo da.

Cuando no te lo devuelven
Un abrazo no correspondido nos afecta de muchas formas, y cómo lo vivimos depende mucho de la historia interna que le hemos contado. Antes sentía que si alguien no me abrazaba de verdad, era por mí: que yo no era suficiente o que algo estaba mal conmigo. Ahora sé que tiene más que ver con quien no sabe cómo dar o recibir ese gesto simple. (Como a mí me costó aprenderlo también).
Quien no puede corresponder un abrazo no siempre es porque no quiera; puede que simplemente no sepa cómo hacerlo o no se sienta seguro cuando alguien se acerca tanto.
Quizás aún carga con una experiencia antigua, un bloqueo, un dolor no expresado o un trauma enterrado. Y al verlo en mi papá, no me dolió la situación. Al contrario, sentí compasión por él. Por ese padre que, quizá sin saberlo, solo intenta sobrevivir a no haber tenido nunca a alguien que lo abrazara.
Esta nueva perspectiva fue liberadora y se activó en mí al instante. Ya no me siento menos si no recibo tanto como doy. Prefiero explorar qué me enseña esa emoción. ¿Toca una herida antigua? ¿O tal vez señala mi camino hacia la sanación? Esta vez fue lo segundo.
Hoy el abrazo es mucho más que un gesto físico para mí
Es un espejo. Me muestra dónde estoy abierta y dónde aún cerrada. Dónde necesito sanar y dónde puedo conectar con otros sin condiciones. El dolor que puede traer un abrazo no correspondido también revela mis límites, mis carencias o las oportunidades para dar sin esperar nada a cambio. Para mí, la pregunta ya no es "¿me quieren lo suficiente?" sino cuánto puedo amarme a mí misma, incluso si no me aman como deseo.
Nuestras dinámicas familiares y herencias generacionales a menudo se integran en nuestro cuerpo, nuestra postura y movimientos, incluso en cómo damos o recibimos un abrazo. Pero no son inamovibles. Podemos aprender a conectar de otra manera, reemplazar viejos patrones por nuevos gestos. A veces, reescribimos estas historias justamente abrazando, aunque no estemos seguros de recibir respuesta.











