Hay un momento muy reconocible: abres la lavadora, acercas la nariz a la colada y ahí está otra vez ese fondo a cerrado que no debería estar. Cambias de detergente, echas más cantidad, pones el suavizante más perfumado que encuentras y el olor vuelve a la semana. Es normal, porque el olor no vive en la ropa, vive dentro de la máquina: en la goma de la puerta, en la cubeta del detergente y en un filtro que mucha gente no ha abierto nunca. Limpiarla en serio lleva una mañana tranquila y después se mantiene con muy poco.
Empieza por la goma, que es donde está casi todo
En las lavadoras de carga frontal, el pliegue de goma que rodea la puerta acumula agua, pelusa, restos de jabón y, con el tiempo, manchas oscuras. Abre el pliegue con cuidado tirando hacia ti y mira dentro: suelen aparecer monedas, clips, pelo y una capa viscosa. Retira primero lo sólido con la mano, pasa una bayeta húmeda y después limpia con una solución suave, por ejemplo agua caliente con un poco de vinagre blanco o con jabón, frotando con un cepillo de dientes viejo por todo el perímetro. Si hay manchas negras muy agarradas, insiste con producto específico para moho siguiendo las instrucciones del envase, pero sin rascar la goma con nada metálico: si se raja, empieza a perder agua. Lo más importante viene después: secar bien el pliegue con un paño. El moho necesita humedad permanente, y si queda seco, no vuelve igual de rápido.






