La cubeta y el cajón del detergente
El cajón suele salir entero tirando con firmeza y presionando la pestaña central. Déjalo en remojo en agua bien caliente mientras te ocupas del resto y luego friega cada compartimento con un cepillo, sobre todo la pieza del suavizante, que es la que se tapona con una pasta espesa. Aprovecha para mirar el hueco de la lavadora donde encaja el cajón: ahí arriba suele haber restos pegados que se limpian con el cepillo y una bayeta húmeda. Sécalo todo antes de volver a montarlo. Si notas que el detergente se queda en el cajón al terminar el lavado, casi siempre es señal de que estás usando más del necesario o de que el agua entra con poca presión.
El filtro de abajo: el paso que casi nadie da
En la parte inferior frontal hay una tapa pequeña que esconde el filtro de la bomba de desagüe. Antes de abrirlo, desenchufa la lavadora, pon una bandeja plana y varias toallas en el suelo, porque va a salir agua. Si hay un tubito, úsalo para vaciar primero. Desenrosca el filtro, retíralo y limpia a fondo lo que haya: pelusa compacta, pelo, botones, a veces calcetines pequeños. Enjuágalo bajo el grifo, comprueba que la hélice del interior gira sin trabas y vuelve a enroscarlo bien apretado. Este filtro es el responsable de muchos desagües lentos y de bastantes olores persistentes, y conviene mirarlo unas cuantas veces al año.






