Suela con restos quemados: el método suave que funciona
Con la plancha fría y desenchufada, prepara una pasta de bicarbonato con unas gotas de agua, lo justo para que quede espesa. Extiéndela sobre la zona oscura y déjala actuar unos minutos. Después retírala con un paño de microfibra húmedo, siempre en el sentido largo de la suela, y repasa con otro paño limpio para no dejar polvo blanco dentro de los agujeros.
Si quedan restos pegajosos, el vinagre blanco tibio aplicado con un paño ablanda bien el almidón quemado. Para los plásticos fundidos, el enfoque es distinto: hay quien aconseja calentar la plancha y pasarla rápidamente por un paño de algodón viejo para que el residuo se transfiera, pero con antiadherentes es un riesgo. Si la mancha es grande o muy dura, existen barras limpiasuelas específicas y conviene usarlas siguiendo exactamente sus instrucciones.
Los agujeros se limpian uno a uno con un bastoncillo humedecido en agua con unas gotas de vinagre, girándolo para arrastrar la cal del borde. Es un gesto tedioso, pero es el que devuelve el vapor en línea recta en lugar de a chorros.
El depósito: donde empieza casi todo el problema
Las manchas que aparecen en la ropa cuando sale vapor vienen muchas veces de dentro. Si tu plancha tiene función de autolimpieza o de descalcificación, úsala: se llena el depósito, se calienta, se sujeta la plancha en horizontal sobre el fregadero y se acciona el botón hasta que sale el agua con los restos. Repetirlo cada cierto tiempo, según el uso y la dureza del agua de tu zona, evita el noventa por ciento de los sustos.
Lo demás es rutina: vaciar el depósito siempre al terminar, nunca dejar agua dentro de un día para otro, y guardarla apoyada sobre el talón, en vertical, para que no se deforme la junta ni gotee. Si en tu ciudad el agua es muy dura, mezclar agua del grifo con agua desmineralizada reduce mucho la formación de cal, aunque conviene mirar antes qué recomienda el fabricante de tu modelo.






