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La importancia del bienestar: esto maravilloso me pasó cuando mi objetivo no fue perder peso, sino cuidar mi salud

Nyul Debóra4 min de lectura
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La importancia del bienestar: esto maravilloso me pasó cuando mi objetivo no fue perder peso, sino cuidar mi salud — Mente y alma
En este artículo

Aunque aún no he cumplido treinta, muchas veces en mi vida he sentido que no estaba satisfecha conmigo misma. No porque tuviera un sobrepeso importante —nunca fue ese el problema—, sino por esa sensación familiar y dolorosa para muchas mujeres de no sentirse bien en su propia piel. Cuando el reflejo en el espejo no es lo que deseas ver y tus pensamientos giran constantemente en torno a unos “kilos menos”.

Me tomó tiempo entender que perseguir la pérdida de peso no era la solución para mí. El verdadero cambio comenzó cuando cambié el foco: de los kilos al bienestar.

Mujer comiendo fruta fresca de una bolsa

El descubrimiento que lo cambió todo

En un momento comprendí que si mi objetivo era sentirme más energética, equilibrada y saludable, probablemente mi cuerpo cambiaría naturalmente. Pero no con presión ni culpa, sino con mucha más amabilidad.

Como intolerante al gluten y a la leche, desde hace años presto mucha atención a lo que pongo en mi plato. Pero ser libre de ciertos ingredientes no garantiza que lo que coma o beba sea nutritivo. Por ejemplo, muchos chips clásicos son etiquetados como sin gluten, y hay bebidas vegetales llenas de azúcar y aditivos que, aunque encajen en mi dieta estricta por salud y sean “libres”, no son necesariamente “saludables”.

El verdadero avance llegó cuando dejé de buscar qué no podía comer para evitar la culpa, y empecé a enfocarme en qué podía darle a mi cuerpo para apoyarlo de verdad.

Mujer comiendo ensalada

Verduras, sopas y el poder de la simplicidad

Consciente, empecé a incorporar muchas más verduras en mi dieta, y entre los productos sin gluten prefiero las versiones basadas en verduras, arroz integral, garbanzos o mijo. Para mí son mucho más sabrosas que las opciones llenas de almidón, maíz o azúcar.

También aprendí en carne propia la importancia de la hidratación. Ahora me aseguro de beber suficiente agua, complementándola con té verde natural y sopas. No pasa una semana sin que prepare varios tipos de sopa, a menudo un caldo de carne con muchas verduras cocidas a fuego lento. Y casi siempre empiezo el día con un gran vaso de agua, a veces con limón recién exprimido.

Mujer exprimiendo limón en un vaso de agua

Comidas conscientes pero disfrutables

Para mí es clave que después del gran vaso de agua siga un desayuno nutritivo, y que la conciencia guíe todas mis comidas sin renunciar a sabores deliciosos. Me encantan las opciones simples pero saciantes: como una tortilla casera llena de verduras, atún natural y yogur de coco con eneldo. También adoro la pasta vegana con pesto.

Encuentro mucha inspiración en la dieta mediterránea, aunque también preparo platos húngaros en versiones más saludables. Para mí, esta forma de comer ya no es sacrificio, sino cuidado.

Movimiento que no es castigo

El bienestar también incluye el movimiento. Hubo épocas en que me costaba motivarme, pero hoy es una parte natural de mis días. Intento caminar todos los días, pasar tiempo en la naturaleza, hacer excursiones o simplemente pasear con mi perrito cerca. En casa, últimamente uso la bicicleta estática y hago ejercicios, no porque “deba”, sino porque me hace sentir bien.

Mujer haciendo un pino en la sala

Pequeñas alegrías, gran impacto

Creo que el bienestar incluye también pequeñas alegrías diarias: para mí, un café con leche de almendra sin azúcar o mi favorito, el matcha latte preparado con leche de almendra o de coco. Igualmente, son esenciales los planes con amigos, el cine, el teatro y el tiempo compartido, porque el equilibrio emocional es tan importante como el físico.

Cuando tu cuerpo finalmente coopera contigo

Desde que mi objetivo no es perder peso, sino sentirme bien en mi piel, ha pasado algo muy especial: he empezado a estar realmente bien. Me siento más energética, más saludable, y mi cuerpo agradece el cuidado.

Quizás esta sea la mayor lección para mí: cuando dejamos de luchar contra nuestro cuerpo y empezamos a cooperar con él, ocurren los cambios más hermosos. No solo por fuera, sino también por dentro.

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