Mientras los filtros se remojan, aprovecha para pasar un paño con agua caliente y detergente por la parte interna de la campana y por el hueco donde encajan; suele acumular polvo pegado a la grasa. Y limpia también la carcasa exterior en la dirección del cepillado del acero, así no quedan marcas.
¿Cada cuánto hay que limpiar los filtros de la campana?
Depende mucho de cómo cocines: si fríes o haces salteados varias veces por semana, cada mes es razonable; si tu cocina es más de horno, hervidos y plancha suave, cada dos o tres meses suele bastar. Hay una señal fácil de leer sin calendario: acerca un papel de cocina fino al filtro con la campana encendida a media potencia; si no se queda pegado, la aspiración está perdiendo fuerza y toca remojo.
¿Y si el olor a fritura sigue después de limpiarlos?
Comprueba dos cosas. La primera, si tu campana es de recirculación, es decir, si devuelve el aire a la cocina en lugar de expulsarlo al exterior: en ese caso el olor lo retiene el filtro de carbón, que se satura con el tiempo y hay que reemplazar. La segunda, la ventilación cruzada mientras cocinas: abrir una ventana en otra estancia crea corriente y arrastra el olor mucho más rápido que cualquier aparato trabajando solo.











