Hay viajes que no nacen de meses de planificación. Simplemente aparece una oportunidad y sientes que no puedes dejarla pasar. Así fue exactamente como surgió nuestra aventura en Lugano.
A finales de junio pasamos unos días en el Lago de Como y, aunque no teníamos previsto ningún desvío importante, cada vez me topaba con más fotos y vídeos preciosos de Lugano. El encuentro tan especial entre el lago y las montañas me dejó fascinada, y además esa parte de Suiza está a apenas un corto trayecto en coche desde Como, donde nos alojábamos. Al final decidimos dedicar una tarde entera a descubrir el Lago de Lugano.
No sabíamos muy bien qué esperar, pero partimos con toda la curiosidad del mundo.
Cuando cruzamos la frontera suiza
Desde los primeros minutos se notaba que Suiza transmite un ambiente muy distinto al de Italia, que habíamos conocido apenas unos días antes.
En el Lago de Como me encantó esa atmósfera italiana ligera y llena de vida, esa que muchos resumen simplemente como dolce vita. Las calles bulliciosas, las conversaciones espontáneas, las terrazas de las cafeterías y la cercanía de la gente le daban al viaje un aire muy especial. Suiza, en cambio, durante esta breve visita nos pareció más ordenada, más tranquila y más reservada.
Llegamos con un coche de matrícula extranjera, así que contábamos con que nos controlarían en la frontera. No nos sorprendió cuando nos hicieron detenernos. Además de la documentación, revisaron el coche con más detalle e incluso inspeccionaron a fondo el maletero. Todo transcurrió de forma completamente correcta y no fue una experiencia especialmente incómoda, pero conviene tenerlo en cuenta si vas a entrar en Suiza con un coche de matrícula extranjera.
En muy poco tiempo nos llamó la atención lo limpia y desarrollada que está esta región. Los pueblos cuidados al detalle, las carreteras y el entorno en general nos dejaron una primera impresión muy positiva.
Tras la mejor vista: el Monte San Salvatore
Cuando decidimos cruzar en coche hasta Suiza, el plan era simplemente ver el Lago de Lugano, pero al final elegimos un lugar concreto desde el que disfrutar de un panorama realmente especial. Así llegamos al Monte San Salvatore, uno de los miradores más conocidos de Lugano.
Se sube a la cima en funicular, algo que ya de por sí fue toda una experiencia. Unos días antes también habíamos tomado el funicular en el Lago de Como, pero en Lugano el ambiente era completamente distinto. Parecía mucho más moderno, aunque le faltaba ese encanto tan particular que había sentido en Como.
Ya arriba, la vista superó todas nuestras expectativas. El azul del Lago de Lugano, las montañas que se alzan a su alrededor y los paisajes lejanos formaban juntos un panorama difícil de describir con palabras.
Paseamos por el mirador, hicimos fotos y simplemente sentí que era un placer estar allí. En lugares así siempre me acuerdo de que a veces un pequeño desvío puede aportar muchísimo a un viaje.
¿Suiza es cara? Ya en el primer plan lo comprobamos
De Suiza se suele decir que es uno de los destinos más caros de Europa, y eso lo experimentamos entre las primeras vivencias del día.
El billete de ida y vuelta del funicular del Monte San Salvatore nos costó alrededor de 64 euros para los dos, que no es poco. Con el aparcamiento también conviene prestar atención: al principio ni siquiera vimos el aparcamiento que hay justo antes del funicular, así que dejamos el coche en el parking cubierto de al lado, que —como descubrimos luego al pagar— resultó ser la opción más económica.
Como soy celíaca, quise ir sobre seguro y me llevé un poco de comida sin gluten para el trayecto. Al final, junto al precioso panorama suizo, incluso hice una foto que desde entonces se ha convertido en un bonito recuerdo: una solución práctica en un lugar donde los precios son realmente más altos de lo habitual.
La grata sorpresa de una pequeña tienda
Una de las mejores experiencias del día nos llegó de forma totalmente inesperada.
Caminando hacia el funicular, las calles estaban casi vacías, así que al principio pensamos que una de las pequeñas tiendas o cafeterías quizá ni siquiera estaría abierta. Al final decidimos asomarnos y nos recibieron de una manera encantadora.
La mujer que trabajaba allí fue muy atenta y, cuando le conté que soy intolerante al gluten y a la lactosa, me preparó un smoothie con leche de almendras. Puede parecer una tontería, pero cuando vives con distintas intolerancias alimentarias significa muchísimo que alguien te trate con tanta consideración. Además, la bebida estaba deliciosa y era especial, y el precio tampoco resultó exagerado.
Una pequeña aventura sin internet
Al final de la tarde aún queríamos explorar un poco los alrededores del lago, y entonces llegó la sorpresa: nos dimos cuenta de que nuestros datos móviles ya no funcionaban en Suiza igual que dentro de la Unión Europea.
Tampoco encontramos wifi con facilidad, así que de repente el camino de vuelta se volvió mucho más aventurero. Al final, incluso mirando desde el coche, logramos descubrir muchos rincones bonitos del lago; hasta nos perdimos un poco, pero quizá fue justo eso lo que hizo la excursión todavía más memorable.
También comprobamos la amabilidad de los locales, aunque a mí me llamó la atención la diferencia respecto a Italia. En nuestros viajes por Italia casi siempre nos encontramos con gente extraordinariamente cercana y cariñosa; en Suiza percibimos una comunicación más reservada. Por supuesto, unos pocos encuentros no bastan para sacar conclusiones generales, porque en todas partes coincidimos con personas muy distintas.
Una visita corta, un recuerdo duradero
Aunque solo pasamos unas horas en el Lago de Lugano, fueron suficientes para mostrarnos ese ambiente tan especial de Suiza.
El panorama impresionante y la armonía entre las montañas y el lago nos dejaron una experiencia que solo me dio más ganas de conocer el resto de rincones preciosos del país. Y el Lago de Lugano siempre me recordará que a veces son las decisiones espontáneas las que llevan a las aventuras más bonitas.
¿Merece la pena visitar el Lago de Lugano solo por unas horas?
Sí. Aunque nosotros pasamos apenas una tarde, fue suficiente para descubrir el ambiente especial de Suiza, la armonía entre las montañas y el lago, y un panorama difícil de olvidar.
¿Cuánto cuesta subir al Monte San Salvatore?
El billete de ida y vuelta del funicular nos costó alrededor de 64 euros para dos personas. Suiza es un destino más caro de lo habitual, así que conviene tenerlo en cuenta al planificar.
¿Funcionan los datos móviles de la UE en Suiza?
En nuestra experiencia, no del mismo modo que dentro de la Unión Europea. Descubrimos que el internet móvil dejó de funcionar como esperábamos y tampoco encontramos wifi con facilidad, así que vale la pena preparar la conexión antes de cruzar la frontera.
¿Hay que contar con controles en la frontera suiza?
Con un coche de matrícula extranjera es posible. A nosotros nos hicieron detenernos y revisaron el coche e incluso el maletero, todo de forma correcta y sin resultar una experiencia incómoda.











