Lo que conviene evitar: rociar perfume o ambientador directamente sobre los tejidos, porque se fija y se mezcla con el olor viejo; guardar nada en bolsas de plástico selladas; y meter calzado de uso diario dentro del armario cerrado. Para la ropa de temporada que guardas, mejor fundas de tela o algodón, y siempre con la prenda limpia y seca del todo.
¿Se puede quitar el olor a cerrado sin volver a lavar toda la ropa?
En muchos casos sí. Cuelga las prendas en una habitación aireada o cerca de una ventana durante unas horas y, si el tejido lo permite, dales vapor a distancia con la plancha vertical o cuélgalas en el baño mientras te duchas: el vapor ayuda a soltar el olor atrapado. Para jerséis de lana que no quieres lavar tan a menudo, un par de horas al aire libre en un día seco y sin sol directo suele bastar; si el olor sigue ahí después de airear, entonces sí toca lavado.
¿Cada cuánto conviene airear el armario?
Con abrir las puertas de par en par diez minutos mientras ventilas la habitación, dos o tres veces por semana, notarás la diferencia en pocos días. Una vez al mes merece la pena hacer un repaso rápido: aspirar las esquinas, comprobar si el absorbente está apelmazado y sacar lo que ya no usas. Y una costumbre que lo cambia todo: no devolver nunca al armario una prenda que acabas de llevar sin dejarla antes unas horas al aire en una silla o en un perchero. Ese gesto, repetido, evita el noventa por ciento de los olores a guardado.











